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Tu Calma Como Primera Herramienta en una Crisis: Cómo Acompañar las Emociones de tu Hijo

hace 19 horas
17 min de lectura

¿Alguna vez has intentado explicarle a tu hijo por qué no puede hacer algo y has terminado hablando cada vez más fuerte, mientras él llora, grita o parece no escucharte (Weir, 2023)? Tal vez después te sentiste culpable por perder la paciencia, algo comprensible si se tiene en cuenta que criar exige mantener la propia calma y, al mismo tiempo, ayudar a un hijo a calmarse (Rutherford et al., 2015). Estas situaciones pueden ser agotadoras, sobre todo cuando se repiten, y por eso los pediatras recomiendan darse un respiro cuando hace falta (Swanson, 2018). Además, durante una crisis la parte emocional del cerebro puede tomar el control y dejar en segundo plano a la parte que piensa, por lo que ese no suele ser el mejor momento para dar explicaciones o resolver el conflicto (Gilgoff & Bhushan, 2023). Según Weir (2023), conversar sobre lo ocurrido funciona mejor cuando el niño ya está tranquilo, y comprender qué necesita cuando está desbordado puede ayudarte a responder de una manera más segura y respetuosa.

En esos momentos, tu forma de acompañarlo puede convertirse en una herramienta importante, porque, como se ha visto en madres y bebés, el estrés de quien cuida puede transmitirse al niño (Waters et al., 2014). La corregulación es justamente esa adaptación mutua entre padres e hijos, en la que el adulto ofrece el apoyo que el niño necesita para manejar sus emociones y su comportamiento mientras desarrolla sus propias habilidades (Verhagen et al., 2024). Durante la infancia, los adultos contribuyen a este proceso con interacciones de ida y vuelta en las que responden con atención a las señales del niño, como su llanto, sus gestos o sus palabras (Center on the Developing Child at Harvard University, s. f.). Una revisión de estudios encontró que, cuando padres e hijos logran acompasarse de manera flexible y receptiva frente a una situación difícil, los niños muestran mejores habilidades para regularse (Verhagen et al., 2024). Según Verhagen et al. (2024), estos resultados también dependen del contexto de cada familia, de modo que no significan que una estrategia funcione siempre ni que el adulto deba controlar todas las reacciones del niño.


Niño llorando en el suelo de un supermercado; una mujer lo consuela junto al carrito, en el pasillo de cereales/snacks.

¿Qué es la Corregulación Emocional?

La corregulación ocurre cuando un adulto ayuda a un niño a reconocer lo que siente, atravesar una emoción intensa y encontrar formas más seguras de responder, algo que los niños aprenden en buena parte observando a su familia y recibiendo su apoyo (Morris et al., 2007). Este acompañamiento puede incluir escuchar, poner en palabras la emoción, ofrecer consuelo o poner un límite con amabilidad (American Academy of Pediatrics, 2024). Los niños desarrollan estas habilidades poco a poco y a ritmos distintos, porque regular las emociones requiere atención, planificación, desarrollo del pensamiento y del lenguaje (Weir, 2023). Por eso, en los momentos de más tensión los niños necesitan más apoyo de los adultos (Weir, 2023). Como explican Morris et al. (2007), la forma en que los padres responden a las emociones de sus hijos y el clima emocional del hogar influyen en cómo los niños aprenden a regularse, así que la corregulación no busca eliminar las emociones difíciles, sino acompañar al niño mientras aprende a manejarlas.

Imagina que tu hijo está haciendo una tarea, se equivoca varias veces y termina arrugando la hoja mientras dice que no quiere continuar, una reacción que puede aparecer cuando un niño todavía no tiene las habilidades para manejar lo que siente (Gilgoff & Bhushan, 2023). Puedes interpretarla como falta de esfuerzo y responder con un regaño, o puedes ver en ella una forma de comunicar que la dificultad lo sobrepasó, porque los niños muchas veces expresan sus necesidades a través de su comportamiento (Gilgoff & Bhushan, 2023). Una respuesta posible sería: "Veo que estás muy frustrado; vamos a hacer una pausa y después miramos qué parte podemos resolver juntos", porque poner en palabras la emoción del niño y responder a lo que necesita le ayuda a aprender a regularse (American Academy of Pediatrics, 2024). Según la American Academy of Pediatrics (2024), es importante que el niño sepa que sus emociones están bien aunque su comportamiento no lo esté, y esta frase reconoce la frustración sin aprobar que rompa la hoja.


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¿Por qué Puede Ser Difícil Hablar Durante una Crisis?

Cuando un niño siente una emoción muy intensa, la parte emocional del cerebro puede tomar el control y dejar en segundo plano a la parte que razona y busca soluciones (Gilgoff & Bhushan, 2023). Además, las habilidades que permiten regular las emociones, como la atención, el lenguaje y la planificación, todavía están en desarrollo durante la infancia (Weir, 2023). En esas circunstancias, insistir con explicaciones largas o subir el tono puede hacer más difícil la interacción, porque si el adulto empieza a gritar o a sentir pánico, la situación puede empeorar (Gilgoff & Bhushan, 2023). Por eso se recomienda priorizar la seguridad, hablar con voz calmada y esperar a que el niño se sienta seguro y comprendido antes de invitarlo a pensar en lo que pasó (Gilgoff & Bhushan, 2023). Según Weir (2023), no vale la pena intentar esa conversación mientras el niño está alterado, y es mejor buscar momentos de calma para hablar de las emociones y de cómo manejarlas.

Piensa en lo que puede ocurrir cuando llega la hora de apagar una pantalla y tu hijo quiere seguir jugando, un momento en el que la frustración puede convertirse fácilmente en una rabieta (Swanson, 2018). Si empieza a llorar, gritar o insistir en que es injusto, es posible que intentes convencerlo explicándole repetidamente por qué debe irse a dormir o que termines elevando la voz. Sin embargo, gritarle o hacerlo sentir avergonzado no ayuda a resolver la situación y tampoco favorece su comportamiento a largo plazo (Sege et al., 2018). Si está demasiado alterado para escuchar, es posible que ninguna explicación funcione en ese instante, porque primero necesita sentirse seguro y comprendido (Gilgoff & Bhushan, 2023). Puedes mantener la decisión y expresarla de manera breve: "Sé que querías seguir jugando y te da rabia parar; el tiempo terminó y ahora vamos a prepararnos para dormir", una frase que reconoce la emoción y, al mismo tiempo, pone un límite con amabilidad (American Academy of Pediatrics, 2024). Como recuerda Swanson (2018), ser consistentes día a día ayuda a que las rabietas sean menos intensas y menos frecuentes, por lo que sostener el límite con calma también es parte del acompañamiento.



Cómo Acompañar una Crisis Emocional

Antes: Observa Qué Puede Estar Aumentando la Tensión

Algunas crisis aparecen después de situaciones que le resultan difíciles al niño, como enfrentarse a una tarea que todavía no sabe resolver o no encontrar las palabras para expresar lo que necesita (Gilgoff & Bhushan, 2023; Swanson, 2018). También influyen el cansancio y el hambre, y por eso se recomienda tener una merienda saludable a mano si las rabietas aparecen cuando el niño tiene hambre, y darle prioridad al sueño si aparecen cuando está cansado (Swanson, 2018). Observar el entorno del niño ayuda a descubrir qué puede estar causando el estrés, sin asumir que existe una única explicación (Gilgoff & Bhushan, 2023). Puedes preguntarte si las crisis suelen aparecer en ciertos momentos del día o después de jornadas exigentes, porque reconocer estos patrones permite anticipar las situaciones estresantes y tomar medidas para reducir su impacto (Gilgoff & Bhushan, 2023). Según Swanson (2018), también ayuda preparar al niño de antemano para que pueda lograr lo que se le pide, en lugar de esperar a que aparezca la tensión.

Si notas que tu hijo suele alterarse en ciertas situaciones, puedes hablar con él cuando esté tranquilo y planear juntos qué persona, lugar u objeto puede ayudarle a calmarse cuando lo necesite (Gilgoff & Bhushan, 2023). Si una tarea le resulta abrumadora, también pueden buscar juntos una solución, por ejemplo dividiéndola en pasos pequeños o tomando una pausa (Gilgoff & Bhushan, 2023). Cuando el ambiente tiene demasiados estímulos, puede ser útil reducir el ruido o buscar un lugar más tranquilo, porque el entorno puede ser una de las fuentes de estrés del niño (Gilgoff & Bhushan, 2023). Estas medidas no garantizan que las crisis desaparezcan, porque cada niño es diferente y no todas las estrategias funcionan igual para todos (Gilgoff & Bhushan, 2023). Según Weir (2023), los niños desarrollan sus habilidades para manejar las emociones a ritmos distintos, así que conviene observar cómo responde tu hijo y ajustar las estrategias en lugar de insistir en una que no le ayuda.

Durante: Ofrece Seguridad y Reduce la Tensión

Cuando la crisis ya comenzó, la seguridad es lo primero, tanto la física como la emocional (Gilgoff & Bhushan, 2023). Si el niño corre el riesgo de lastimarse o de lastimar a alguien, hay que detenerlo y sujetarlo con firmeza o dejarle muy claro que esa conducta no está permitida (Swanson, 2018). Siempre que sea posible, tranquilízalo diciéndole que está a salvo, con frases breves como "Estoy aquí para ayudarte" o "No voy a dejar que golpees; voy a mantenernos a salvo" (Gilgoff & Bhushan, 2023). Usa una voz calmada y una postura abierta y no amenazante, por ejemplo con los brazos sin cruzar y el teléfono a un lado (Gilgoff & Bhushan, 2023). Según Swanson (2018), durante una rabieta también puede ayudar darle al niño control sobre cosas pequeñas, como elegir entre dos opciones sencillas.

Tu propia reacción también merece atención, porque acompañar una crisis puede despertar frustración, miedo, cansancio o enojo, y los padres tienen la tarea doble de mantenerse regulados y, al mismo tiempo, ayudar a su hijo a regularse (Rutherford et al., 2015). Lo primero es regularnos a nosotros mismos para poder corregular a nuestros hijos, por lo que conviene hacer una pausa antes de hablar si estás muy molesto (Gilgoff & Bhushan, 2023). Exhalar lento y largo ayuda a bajar el ritmo del corazón y a calmar la respuesta de estrés, algo que puedes hacer sin alejarte del niño (Gilgoff & Bhushan, 2023). Si hay otro adulto de confianza disponible, turnarse con él cuando sientas que tu frustración aumenta puede ser una decisión responsable (Swanson, 2018). Como recomienda Weir (2023), tomarte un minuto para respirar y calmarte antes de responder te permite evitar una reacción impulsiva.

Después: Conversa Cuando Ambos Puedan Escucharse

Cuando la intensidad haya bajado y tu hijo se sienta seguro y comprendido, puedes invitarlo a pensar en lo que pasó, sin convertir el momento en un interrogatorio (Gilgoff & Bhushan, 2023). Conéctate primero con él, escucha su versión completa, muestra empatía y haz preguntas con curiosidad, como "¿qué fue lo más difícil?" o "¿qué podríamos intentar la próxima vez?" (Gilgoff & Bhushan, 2023). Si todavía no sabe identificar lo que sintió, puedes ofrecerle algunas palabras, como rabia, tristeza, miedo o frustración, porque ayudar a los niños a nombrar sus emociones les permite reconocer lo que sienten y sentirse con más control (Gilgoff & Bhushan, 2023). Un estudio encontró que poner los sentimientos en palabras disminuye la respuesta de las zonas del cerebro relacionadas con la alarma emocional (Lieberman et al., 2007). Según Weir (2023), enseñar a los niños a reconocer y nombrar lo que sienten es parte de ayudarlos a manejar sus emociones.

También es importante revisar la conducta y pensar en una alternativa concreta para la próxima vez, porque las emociones están bien aunque el comportamiento no lo esté (American Academy of Pediatrics, 2024). Puedes reconocer que tu hijo estaba muy enojado y explicarle, al mismo tiempo, que no está permitido golpear, morder o lanzar objetos, conductas que no deben ignorarse (Swanson, 2018). Después, pueden practicar juntos otras respuestas, como pedir ayuda, decir "necesito una pausa" o usar herramientas que calmen el cuerpo y la mente (American Academy of Pediatrics, 2024). Es posible que necesite repetir estas habilidades muchas veces, porque los niños las desarrollan poco a poco y a ritmos distintos (Weir, 2023). Como plantea Weir (2023), los niños aprenden más de lo que ven hacer a sus padres que de lo que les dicen, así que la forma en que tú manejas estas conversaciones también les enseña.



Qué Decir Durante una Crisis y Qué Conviene Evitar

Durante una crisis, las palabras que elijas pueden transmitir seguridad o aumentar la tensión, por eso conviene que sean breves, claras y dichas con calma (Gilgoff & Bhushan, 2023). Frases como "no tienes ninguna razón para llorar", "deja de hacer drama" o "si sigues así, vas a ver" descalifican lo que siente el niño o lo amenazan, y los programas de crianza buscan justamente reducir este tipo de respuestas que restan importancia a las emociones (Havighurst et al., 2010). En cambio, puedes decir "veo que esto te está costando", "puedes estar enojado, pero no voy a dejar que golpees" o "no tienes que explicármelo todo ahora; estoy aquí", porque las emociones están bien aunque el comportamiento no lo esté (American Academy of Pediatrics, 2024). Validar una emoción no significa estar de acuerdo con todo lo que dice el niño ni aceptar cualquier comportamiento, sino reconocer su malestar y responder a la necesidad que hay detrás (American Academy of Pediatrics, 2024). Según Wang y Kenny (2014), la disciplina basada en gritos e insultos se relacionó con más problemas de conducta y más síntomas de depresión en adolescentes, de modo que una frase tranquila y respetuosa también protege la relación.

Tampoco es necesario encontrar una frase perfecta ni esperar que el niño se calme apenas la escuche, porque cada niño es diferente y responde a estrategias distintas (Gilgoff & Bhushan, 2023). Puedes repetir un mensaje sencillo, darle tiempo y observar si necesita más espacio o menos estímulos, y en algunos casos llevarlo a otra habitación ayuda a cambiar el foco (Swanson, 2018). Algunos niños agradecen la cercanía física, mientras que otros prefieren que el adulto permanezca cerca sin tocarlos, porque factores como el temperamento influyen en la forma en que cada uno maneja sus emociones (Weir, 2023). Si las palabras parecen aumentar el malestar, puede ser más útil esperar a que pase lo más intenso, ya que muchas rabietas se calman por sí solas cuando no hay riesgo para nadie (Swanson, 2018). Según Verhagen et al. (2024), el acompañamiento que se asocia con mejores resultados se caracteriza por la flexibilidad, es decir, por la capacidad de ajustar la respuesta a lo que el niño necesita en cada momento.



Corregulación no Significa Permitirlo Todo

Acompañar una emoción no significa retirar los límites para evitar el llanto, comprar algo porque el niño grita o permitir que lastime a otras personas, porque se puede ofrecer amabilidad y límites al mismo tiempo (American Academy of Pediatrics, 2024). Por ejemplo, si tu hijo se enoja porque no vas a comprarle un juguete, puedes reconocer su decepción y mantener tu decisión, ya que la consistencia ayuda a que las rabietas sean menos frecuentes con el tiempo (Swanson, 2018). Esto no significa que nunca puedas negociar, porque a veces ceder un poco para llegar a un acuerdo también está bien (Swanson, 2018). Una frase posible es "entiendo que lo quieras y que estés enojado; hoy no vamos a comprarlo", que reconoce la emoción y mantiene el límite (American Academy of Pediatrics, 2024). Según Sege et al. (2018), la disciplina efectiva busca enseñar el comportamiento adecuado y proteger al niño y a los demás de los efectos de las conductas difíciles, sin recurrir al castigo físico ni a palabras que hieren.

La diferencia está en reconocer la emoción sin aceptar una conducta peligrosa y en sostener el límite sin humillar al niño (American Academy of Pediatrics, 2024; Sege et al., 2018). Puedes decir "tienes derecho a estar enojado, pero no voy a dejar que golpees" y, cuando la situación sea segura, ayudarlo a encontrar otra forma de expresar lo que siente (American Academy of Pediatrics, 2024). Si la conducta representa un peligro inmediato, no es necesario esperar a que el niño se calme para protegerlo a él y a los demás (Swanson, 2018). Evita los golpes, las amenazas y las humillaciones, porque el castigo físico se ha relacionado con más riesgo de problemas de conducta, emocionales y de aprendizaje en los niños (Sege et al., 2018). De acuerdo con Weir (2023), ser consistente y, a la vez, ofrecer consuelo ayuda a construir un vínculo seguro con tu hijo, y eso es justamente lo que se logra al sostener un límite sin humillar.



¿Qué Pasa si Tú También Pierdes la Calma?

Hay momentos en los que el cansancio, las preocupaciones o las exigencias del día hacen que acompañar una crisis sea especialmente difícil, porque los problemas económicos, la falta de apoyo o los problemas de salud crónicos dificultan responder a un niño con atención y cuidado (Center on the Developing Child at Harvard University, s. f.). Saber que conviene hablar con tranquilidad no significa que siempre puedas hacerlo, porque dar el ejemplo es más fácil de decir que de hacer, sobre todo en medio de una rabieta (Weir, 2023). Además, perder la paciencia en un momento puntual no define toda tu forma de criar, porque desde los primeros meses de vida los desencuentros entre los niños y quienes los cuidan son frecuentes, y lo que se asocia con un desarrollo positivo es que se reparen (Tronick, 1989). Si gritas o reaccionas de una manera que no querías, puedes hablar con tu hijo cuando estés más tranquilo y explicarle que tu reacción no estuvo bien. Por ejemplo: "Antes te grité y no debí hacerlo. Estaba enojado, pero eso no justifica que te hable de esa manera" (Tronick, 1989). Según Morris et al. (2007), los niños aprenden a manejar sus emociones observando a los adultos, por lo que ver a sus padres reparar un error también les enseña a hacerse cargo de lo que sienten.

Si sientes que estás a punto de perder el control, haz una pausa cuando el niño esté seguro o pide a otro adulto que te releve, una estrategia que también recomiendan los pediatras (Swanson, 2018). Si temes hacerle daño, pide ayuda de inmediato y no intentes resolver la situación sin apoyo, porque buscar a otras personas en los momentos de estrés es una de las formas más importantes de afrontarlo y de enseñar a los hijos a hacerlo (Gilgoff & Bhushan, 2023). Cuidar tu bienestar también es parte de acompañar a tu hijo, sobre todo cuando las crisis se repiten, porque los padres necesitan estar regulados para poder ayudar a sus hijos a regularse (Rutherford et al., 2015). Por eso, los programas y las políticas que apoyan a quienes cuidan son fundamentales para crear entornos en los que los niños puedan desarrollarse bien (Center on the Developing Child at Harvard University, s. f.). Según Havighurst et al. (2010), los padres que participaron en un programa para aprender a reconocer y regular sus propias emociones también mejoraron su forma de acompañar las emociones de sus hijos, y los niños mostraron menos problemas de comportamiento.



¿Todos los Niños Necesitan el Mismo Tipo de Acompañamiento?

No todos los niños expresan el malestar de la misma manera ni responden a las mismas estrategias, porque la capacidad de manejar las emociones depende también de factores como la genética y el temperamento (Weir, 2023). Algunos pueden explicar lo que sienten con palabras, mientras que otros todavía se frustran porque no logran expresarse por completo y necesitan más tiempo o más apoyo para comunicar lo que les pasa (Swanson, 2018). En niños con autismo, por ejemplo, las diferencias en la forma de procesar la información y de percibir el entorno pueden hacer que las emociones se vivan con más intensidad y sean más difíciles de manejar (Mazefsky et al., 2013). En el trastorno por déficit de atención e hiperactividad también son frecuentes las dificultades para regular las emociones, que pueden afectar mucho la vida diaria (Shaw et al., 2014). Según Mazefsky et al. (2013), en estos casos conviene no interpretar automáticamente una reacción intensa como desobediencia, sino entenderla como parte de una dificultad para regular las emociones que puede requerir apoyos más individualizados.

Por eso, observa qué ayuda a tu hijo y qué parece aumentar su tensión, sin asumir que una sola técnica funcionará en todas las situaciones (Gilgoff & Bhushan, 2023). Si el contacto físico lo altera, no insistas en abrazarlo; si las explicaciones largas lo abruman, usa frases más cortas; y si necesita anticipar los cambios, prueba con avisos y rutinas, porque responder de manera flexible a lo que el niño necesita es parte de una buena corregulación (Verhagen et al., 2024). Si las dificultades emocionales de tu hijo se mantienen en el tiempo, es importante buscar orientación profesional. Conocer cómo expresa y maneja sus emociones permite identificar qué necesita y elegir un tratamiento que se adapte mejor a sus características (Mazefsky et al., 2013). En el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, por ejemplo, los tratamientos habituales a menudo también mejoran las dificultades emocionales (Shaw et al., 2014). Según Morris et al. (2007), las características de cada niño, como una mayor tendencia a sentir emociones negativas intensas, también influyen en cómo aprende a regularlas, así que conocer a tu hijo es una parte esencial del acompañamiento.



¿Cuándo Conviene Buscar Ayuda Profesional?

Es recomendable consultar cuando las dificultades de tu hijo para manejar sus emociones interfieren de forma importante con el colegio, la salud o la vida familiar (Weir, 2023). También conviene pedir orientación si notas cambios importantes en su comportamiento o si te preocupa la forma en que está reaccionando, porque los pediatras recomiendan hablar con ellos cuando algún comportamiento genera preocupación (Swanson, 2018). Un psicólogo u otro profesional de la salud mental puede ayudar a comprender qué está contribuyendo a estas reacciones y qué apoyos serían apropiados para el niño y su familia (Weir, 2023). Además, existen programas para padres que enseñan a acompañar mejor las emociones de los hijos y que se han asociado con menos problemas de comportamiento en los niños (Havighurst et al., 2010). Según Sege et al. (2018), los pediatras son una fuente de orientación para las familias sobre cómo manejar el comportamiento de sus hijos, así que no tienes que esperar a que todo empeore para pedir ayuda.



Tu Calma Puede Ayudar, Pero no Tiene que Ser Perfecta

La próxima vez que tu hijo atraviese una crisis, no necesitas resolverlo todo en unos segundos ni encontrar las palabras exactas, porque lo primero es comprobar que esté seguro, física y emocionalmente (Gilgoff & Bhushan, 2023). Reduce las explicaciones si no puede escucharte y mantén el límite con amabilidad, ya que se pueden ofrecer comprensión y límites al mismo tiempo (American Academy of Pediatrics, 2024). Cuando ambos estén más tranquilos, podrán revisar lo ocurrido y hablar de lo que sintieron, que es cuando los niños pueden aprender mejor nuevas formas de manejar sus emociones (Weir, 2023). Las investigaciones indican que el acompañamiento emocional de los padres frente a situaciones difíciles se relaciona con mejores habilidades de autorregulación en los niños, aunque su efecto depende del contexto de cada familia (Verhagen et al., 2024). Según Tronick (1989), lo que favorece el desarrollo no es una interacción perfecta, sino la experiencia repetida de reparar los desencuentros y de transformar los momentos difíciles en momentos de calma.

Y si ese día también pierdes la paciencia, puedes reparar lo ocurrido y volver a intentarlo, recordando que tu propio estado emocional también llega a tu hijo y que cuidarlo es parte del proceso (Waters et al., 2014). Tu calma es una herramienta importante, pero no es la única, ya que las relaciones que responden con atención a lo que el niño necesita, el apoyo a quienes cuidan y la orientación profesional también forman parte del entorno que favorece su desarrollo (Center on the Developing Child at Harvard University, s. f.). Según Morris et al. (2007), no se trata de evitar todas las emociones difíciles, sino de ayudar al niño a atravesarlas con seguridad y a aprender poco a poco qué puede hacer cuando vuelva a sentirse desbordado.



Referencias

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  2. Center on the Developing Child at Harvard University. (s. f.). Serve and return: Back-and-forth exchanges. https://developingchild.harvard.edu/key-concept/serve-and-return/

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  16. Weir, K. (2023, 21 de abril). How to help kids understand and manage their emotions. American Psychological Association. https://www.apa.org/topics/parenting/emotion-regulation

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