¿Quién Tiene la Razón? Cómo Manejar los Desacuerdos Entre Cuidadores sin Poner a los Niños en Medio
Imagina esta escena: una madre le dice a su hijo que es hora de apagar la tableta, pero la abuela interviene y le permite seguir un rato más, algo que no es raro si se tiene en cuenta que en muchas familias los abuelos participan de manera importante en el cuidado de los niños (Sadruddin et al., 2019). El padre cree que hacen falta límites más firmes y, en pocos minutos, una decisión cotidiana se convierte en una discusión, porque ponerse de acuerdo sobre cómo educar no siempre es fácil, aunque sea una parte central de compartir la crianza (Feinberg, 2003). Según Zhao et al. (2022), cuando los adultos tienen criterios diferentes sobre cómo educar y el niño queda en medio de esos desacuerdos, sin saber a quién escuchar, pueden aumentar los problemas emocionales y de conducta.
Los desacuerdos sobre la crianza pueden aparecer en cualquier familia, y existen programas que ayudan a los adultos que comparten el cuidado de un niño a comunicarse mejor y a tomar decisiones juntos (Ramos de Carvalho et al., 2022). Según Harold y Sellers (2018), lo que más afecta a los niños no es que los adultos tengan diferencias, sino la manera en que las expresan y las manejan, así que la pregunta no es quién tiene siempre la razón, sino cómo hablar de esas diferencias sin poner al niño en medio.

¿Por qué Importa Cómo Resolvemos los Desacuerdos?
No todas las diferencias entre los adultos son perjudiciales por sí mismas, porque lo que más influye en los niños es cómo se expresan, con qué frecuencia se repiten y si se logran resolver con respeto (Grych & Fincham, 1990; Harold & Sellers, 2018). Cuando una conversación se transforma en gritos, amenazas o insultos, los niños suelen reaccionar con malestar, mientras que una conversación tranquila, con apoyo y muestras de afecto, les ayuda a sentirse más seguros (Cummings et al., 2003). Según Feinberg (2003), algo parecido ocurre con las desautorizaciones frente al niño, porque cuando un adulto le quita autoridad al otro se debilita el apoyo mutuo, que es una de las bases de la crianza compartida.
Además, una revisión de muchos estudios encontró que los niños cuyos adultos cooperan entre sí suelen tener menos problemas emocionales y de conducta, mientras que el conflicto entre quienes crían se relaciona con más dificultades (Zhao et al., 2022). Por eso conviene no sacar conclusiones absolutas a partir de una discusión aislada, ya que los desacuerdos que se manejan de forma constructiva también se relacionan con que los niños se sientan más seguros (McCoy et al., 2009). Según Ramos de Carvalho et al. (2022), los programas de coparentalidad, es decir, los que ayudan a los adultos a criar juntos, son variados y trabajan habilidades como comunicarse en ambas direcciones y tomar decisiones juntos, así que no se trata de encontrar una fórmula única ni de buscar culpables, sino de identificar qué situación se repite, qué necesita el niño y qué cambio concreto podrían intentar los adultos.
Hablar con Firmeza sin Atacar
La comunicación asertiva consiste en expresar con claridad lo que pensamos, sentimos o necesitamos, y en defender nuestro punto de vista sin sentir una ansiedad excesiva (Speed et al., 2018). Una forma de expresar el desacuerdo sin atacar a la otra persona es hablar desde lo que pensamos o sentimos. Por ejemplo, puedes decir "No estoy de acuerdo" en lugar de "Te equivocas", para expresar tu posición sin descalificar la del otro (Personal de Mayo Clinic, 2026). Así, en vez de decir "Tú siempre malcrías al niño", una frase modelo podría ser: "Me preocupa que cambiemos la regla delante de él; ¿podemos hablarlo después y decidir qué haremos la próxima vez?" (Personal de Mayo Clinic, 2026). Este tipo de frase no garantiza que la otra persona esté de acuerdo, pero abre una conversación en ambas direcciones, que es justamente una de las habilidades que trabajan estos programas (Ramos de Carvalho et al., 2022). Según el Personal de Mayo Clinic (2026), si la conversación empieza a subir de tono conviene esperar un poco, respirar despacio y mantener la voz firme, así que también puedes decir: "Quiero resolverlo contigo, pero ahora estamos molestos; hagamos una pausa y retomémoslo más tarde".
Escuchar Para Entender, no Solo Para Responder
Escuchar no significa darle la razón al otro adulto ni aceptar todas sus propuestas, sino intentar comprender qué le preocupa antes de responder (Weger et al., 2014). La escucha activa consiste en repetir con nuestras palabras lo que el otro dijo y preguntar si lo entendimos bien, y en un estudio, las personas que conversaron con alguien que hacía esto se sintieron más comprendidas que las que recibieron consejos o respuestas cortas (Weger et al., 2014). Por ejemplo, puedes decir: "Entiendo que te preocupa que se acueste tarde porque mañana tiene colegio; ¿es eso lo que más te inquieta?" (Weger et al., 2014). Después de escuchar, cada adulto puede explicar su punto de vista y buscar con el otro una solución que atienda una necesidad concreta del niño, porque tomar decisiones de manera conjunta también es una de las metas de estos programas (Ramos de Carvalho et al., 2022). Según Feinberg (2003), compartir la crianza implica llegar a acuerdos sobre cómo educar, así que, si ambos se quedan atrapados en discutir quién se equivoca, prueben con esta pregunta: "¿Qué acuerdo podemos intentar esta semana y cuándo revisaremos si funciona?".
Acuerdos Realistas Entre Mamá, Papá y Abuelos
No es necesario que todos los adultos tengan la misma personalidad o estén de acuerdo en todo para organizar el cuidado de los niños. Criar en equipo implica llegar a acuerdos sobre los aspectos esenciales, distribuir las responsabilidades y ofrecerse apoyo mutuo (Feinberg, 2003). Cuando los abuelos también participan en la crianza, es importante definir las tareas de cada uno, respetar el papel de cada generación, tomar decisiones en conjunto y mantener una buena comunicación entre padres y abuelos (Xiao & Loke, 2022). Por eso, puede ser útil elegir dos o tres asuntos prioritarios, como los horarios de sueño, las tareas escolares o el uso de pantallas, y establecer una regla clara, quién se encargará de aplicarla y cómo se manejarán las excepciones.
Si los abuelos cuidan al niño algunos días, es preferible conversar con ellos antes de que surjan los desacuerdos. Puedes explicarles cuáles son los límites que consideras importantes y escuchar qué dificultades encuentran al ponerlos en práctica, ya que una mejor comunicación entre padres y abuelos se relaciona con menos conflictos y una mayor cooperación en la crianza (Hoang et al., 2020). Según Xiao y Loke (2022), el apoyo mutuo entre generaciones también es fundamental para esta colaboración. Una frase que puede ayudarte a iniciar esa conversación es: "Agradecemos mucho que nos ayudes; para que el niño reciba un mensaje claro, acordemos el horario y cómo avisarnos si hay que cambiarlo".
Cuando Mamá y Papá Viven en Casas Distintas
En las familias separadas, la crianza compartida también requiere acuerdos sobre los horarios, el colegio, la salud, las normas y los cambios de rutina. La forma en que los padres se organizan y colaboran después de la separación se relaciona con el bienestar emocional de sus hijos (Lamela & Figueiredo, 2016). Cuando los padres mantienen conflictos frecuentes, los niños pueden presentar más problemas de conducta y síntomas de ansiedad y depresión. En cambio, la cooperación, el apoyo mutuo y los acuerdos entre ellos se asocian con una mejor salud emocional, una mayor autoestima y un mejor desempeño escolar (Lamela & Figueiredo, 2016). Según Ramos de Carvalho et al. (2022), algunos programas de coparentalidad se han diseñado precisamente para padres divorciados, aunque las necesidades y posibilidades de cada familia son distintas.
Cuando sea posible y seguro, ayuda mantener la comunicación centrada en asuntos concretos del niño y evitar usarlo como intermediario o presionarlo para obtener información cuando va de una casa a la otra (Salek & Ginsburg, 2018). Los adolescentes que se sienten atrapados entre sus padres suelen tener más dificultades, y esta sensación es más frecuente cuando hay mucho conflicto y menos frecuente cuando los padres cooperan (Buchanan et al., 1991). Por eso, en lugar de pedirle "Dile a tu papá que no estoy de acuerdo", una frase modelo sería: "Voy a escribirle directamente para que podamos resolverlo entre nosotros" (Salek & Ginsburg, 2018). Según Miller y Martinez (2026), si hablar cara a cara suele terminar en discusión, pueden considerar mensajes escritos breves, basados en hechos y centrados en temas del niño, siempre que ese canal sea seguro y práctico para ambos.
Si el Niño Presencia una Discusión, Todavía Pueden Reparar
Ninguna familia consigue manejar todas las conversaciones de manera perfecta, y la forma en que termina una discusión también importa, porque los niños están atentos a si los adultos llegan a un acuerdo, se piden disculpas o simplemente se alejan (Goeke-Morey et al., 2007). Si el niño ha presenciado una discusión, los adultos pueden hablarle con palabras adecuadas para su edad, ya que el efecto de los conflictos depende en buena parte de cómo los entiende el niño (Grych & Fincham, 1990). Según Grych et al. (2003), también ayuda reconocer que hubo un desacuerdo y aclarar que el niño no es responsable de resolverlo, porque los niños que se sienten amenazados por los conflictos de sus padres o que se culpan por ellos tienden a tener más dificultades emocionales y de conducta.
Una frase modelo podría ser: "Nos molestamos y hablamos de una forma que no estuvo bien; es un asunto de adultos y no es culpa tuya" (Grych et al., 2003). Después, los adultos pueden conversar en privado y definir qué harán de otra manera la próxima vez, en vez de pedirle al niño que tome partido o hacerlo sentir desleal con alguno de ellos (Salek & Ginsburg, 2018). Según Ramos de Carvalho et al. (2022), si los desacuerdos son frecuentes o difíciles de resolver, buscar orientación profesional puede ayudar, porque existen programas que enseñan a los adultos a regular sus emociones, a comunicarse en ambas direcciones y a tomar decisiones juntos.
Cuándo Pedir Ayuda y Cuándo Priorizar la Seguridad
Cuando las conversaciones terminan repetidamente en insultos, los acuerdos no se cumplen o los desacuerdos dificultan las decisiones cotidianas sobre el niño, puede ser útil acudir a un profesional con experiencia en familia o crianza compartida. La manera en que los adultos manejan sus conflictos también influye en los hijos, independientemente de si viven juntos o separados (Harold & Sellers, 2018). Según Ramos de Carvalho et al. (2022), los programas de coparentalidad ofrecen estrategias para mejorar la comunicación y la coordinación entre los adultos, aunque la elección de un acompañamiento debe tener en cuenta las necesidades y circunstancias de cada familia.
Sin embargo, buscar ayuda conjunta o recurrir a la mediación no siempre es adecuado. Cuando existen situaciones de violencia, amenazas, control coercitivo o temor por la seguridad, estas alternativas pueden aumentar los riesgos y no deben recomendarse de manera automática (Association of Family and Conciliation Courts, 2001). En estos casos, lo prioritario es buscar acompañamiento especializado y, ante un peligro inmediato, contactar a los servicios de emergencia o a la policía de tu zona (Personal de Mayo Clinic, 2025). Según Feinberg y Kan (2008), algunos programas para fortalecer la crianza compartida están dirigidos a familias en distintas circunstancias, no solamente a aquellas que atraviesan conflictos graves. Por eso, pedir ayuda no significa que una familia haya fracasado, sino que busca herramientas para relacionarse y tomar decisiones de una manera más segura y adecuada.
Una Idea Para Llevarse
Criar en compañía no exige pensar igual en todo, pero sí intentar que las diferencias se hablen con respeto y no recaigan sobre los niños, porque lo que más los afecta es la manera en que los adultos manejan sus desacuerdos (Harold & Sellers, 2018). A veces, el primer paso no es convencer al otro adulto, sino bajar el tono, escuchar qué le preocupa y formular una petición concreta (Personal de Mayo Clinic, 2026; Weger et al., 2014). Los acuerdos pequeños, revisables y realistas pueden servir como punto de partida, porque ponerse de acuerdo en lo básico y apoyarse mutuamente es la base de una crianza compartida (Feinberg, 2003). Según Miller y Martinez (2026), si una conversación no está dando resultado, hacer una pausa y retomarla en otro momento suele ser mejor que responder en caliente y terminar en un intercambio del que luego nos arrepentimos.
Referencias
Association of Family and Conciliation Courts. (2001). Model standards of practice for family and divorce mediation. https://cdn.ymaws.com/acrnet.org/resource/resmgr/docs/model_standards_of_practice_.pdf
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Cummings, E. M., Goeke-Morey, M. C., & Papp, L. M. (2003). Children's responses to everyday marital conflict tactics in the home. Child Development, 74(6), 1918–1929. https://doi.org/10.1046/j.1467-8624.2003.00646.x
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