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Escucha Activa: Cómo Escuchar sin Sermonear a Niños Pequeños y Adolescentes

hace 27 minutos
9 min de lectura

¿Te ha pasado que tu hijo de 5 años empieza a contarte que un compañero no lo dejó jugar y tú sigues mirando el celular, aunque los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (2016a) recomiendan dejar lo que estás haciendo y darle prioridad a la conversación? Cuando le das toda tu atención, entiendes mejor lo que te quiere decir y tu hijo siente que te importa (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2016a). Con los adolescentes pasa algo parecido: tu hija de 15 años te cuenta que discutió con una amiga y, antes de que termine, ya le estás dando un sermón sobre las malas amistades, aunque la American Academy of Pediatrics (2015a) recomienda no dar consejos hasta conocer todos los detalles y preguntar primero si tu hija quiere escuchar tu opinión.

Aprender a escuchar sin sermonear vale la pena, porque escuchar con atención fortalece la relación con tu hijo y hace más probable que, cuando crezca, te hable de sus ilusiones y de sus problemas (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2016b). Esto se vuelve muy importante en la adolescencia, ya que la mayor parte de lo que los padres saben sobre la vida de sus hijos adolescentes es lo que ellos mismos deciden contarles (Stattin & Kerr, 2000). Según Tilton-Weaver et al. (2010), que los jóvenes cuenten o no depende en parte de cómo reaccionan sus padres: cuando reaccionan mal a lo que les cuentan, los jóvenes se sienten más controlados y menos cercanos a ellos, y con el tiempo cuentan menos cosas y guardan más secretos.


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Qué es la Escucha Activa (y qué no)

Escuchar de forma activa es prestarle toda tu atención a tu hijo: dejar lo que estás haciendo, mirarlo a los ojos y ponerte a su altura (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2016b). También es repetir con tus palabras lo que te contó y decirle lo que crees que está sintiendo, para comprobar que lo entendiste bien (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2016b). Con los adolescentes la idea es la misma, y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (s.f.) sugiere asentir con la cabeza mientras hablan y hacer preguntas abiertas, es decir, preguntas que no se responden con un simple "sí" o "no", para que puedan explicarse mejor. Según la American Academy of Pediatrics (2015a), también ayuda no interrumpir y cuidar el tono de voz, porque preguntar con interés no es lo mismo que interrogar como si los estuvieras acusando.

Escuchar de verdad no es quedarte callado mientras esperas tu turno para corregirlo, ni responderle con frases como "no te pongas así" o "no te preocupes", porque esas frases no le muestran que estás tratando de entender lo que siente (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2016b). Tampoco significa estar de acuerdo con todo lo que dice: puedes escucharlo sin juzgar y mostrarle que lo entiendes, aunque pienses distinto (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, s.f.). Escuchar así marca una diferencia, porque en un estudio con adultos, Weger et al. (2014) encontraron que las personas que hablaron con alguien que repetía con otras palabras lo que ellas decían se sintieron más comprendidas que las que recibieron consejos o solo respuestas cortas para mostrar que las estaban oyendo.


Madre y niño conversan y se abrazan en un sofá, en una sala luminosa y acogedora; gesto cariñoso y sonriente.

Cómo Escuchar a los Niños Pequeños

Con los niños pequeños, escuchar empieza por fijarte en lo que les llama la atención: cuando tu hijo mira o señala algo, hace un ruido o pone una cara especial, te está invitando a compartir ese momento con él (Center on the Developing Child at Harvard University, 2017). Tú puedes responderle con una sonrisa, un abrazo o unas palabras suaves, pasarle lo que señala o decirle el nombre de lo que está viendo, haciendo o sintiendo, porque nombrar las cosas le ayuda a entender el mundo que lo rodea (Center on the Developing Child at Harvard University, 2017). Según el Center on the Developing Child at Harvard University (2017), este ir y venir de miradas, gestos y palabras construye en el cerebro del niño una base sólida para todo lo que aprenderá después, y además fortalece el vínculo entre los dos.

Después de responderle, dale tiempo para que te conteste, porque los niños lo necesitan para pensar en sus ideas, y esa espera también les ayuda a ganar confianza (Center on the Developing Child at Harvard University, 2017). De hecho, con los más pequeños es más útil conversar que hablarles mucho: en un estudio con niños de 4 a 6 años, lo que más se relacionó con el funcionamiento de una parte del cerebro que trabaja con el lenguaje no fue cuántas palabras escuchaban de los adultos, sino cuántas veces hablaban por turnos con ellos (Romeo et al., 2018). Según Romeo et al. (2018), esa diferencia en el cerebro ayudaba a explicar por qué los niños que conversaban más con los adultos tenían más facilidad para usar las palabras.

Escuchar a un niño pequeño también es ayudarle a ponerle nombre a lo que siente, con frases como "parece que estás triste porque tu amigo te quitó tu juguete favorito" (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2016b). Si te equivocas al nombrar su emoción, no pasa nada, porque los niños suelen corregir a sus padres cuando eso sucede (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2016b). Mientras está molesto, también puedes sentarte a su lado, quedarte cerca o abrazarlo, y escucharlo así puede calmar la situación e incluso evitar que empiece un berrinche (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2016a, 2016b). En un programa para madres y padres de niños de 4 y 5 años, Havighurst et al. (2010) encontraron que, cuando los adultos aprendieron a hablar con sus hijos sobre lo que sentían y por qué lo sentían, los niños entendieron mejor sus propias emociones, y tanto los padres como los profesores notaron menos problemas de conducta.



Cómo Escuchar a los Adolescentes

La adolescencia es una etapa de grandes cambios: el cerebro termina de madurar entre los 25 y los 30 años, y la parte que ayuda a planificar, establecer prioridades y tomar buenas decisiones, es una de las últimas en madurar (Instituto Nacional de la Salud Mental, 2023). Además, los cambios en las partes del cerebro relacionadas con la vida social pueden hacer que los amigos se vuelvan más importantes para ellos y que, a veces, se arriesguen más, porque lo que ganan frente a su grupo les puede pesar más que las posibles consecuencias (Instituto Nacional de la Salud Mental, 2023). Según el Instituto Nacional de la Salud Mental (2023), los adolescentes también pueden reaccionar al estrés de forma distinta a los adultos, pero su cerebro tiene una gran capacidad para aprender y adaptarse, y la mayoría llega a ser un adulto sano.

Con un adolescente, presionar puede tener el efecto contrario al que buscamos: cuando siente que sus padres lo presionan y lo controlan, le dan más ganas de llevar la contraria, y esa rebeldía se relaciona con más problemas de conducta y emocionales (Van Petegem et al., 2015). Algo similar encontraron Kerr y Stattin (2000) en adolescentes de 14 años: sentirse vigilados y controlados por sus padres no se asociaba con mejores resultados. En cambio, los jóvenes que compartían espontáneamente con ellos información sobre sus actividades tendían a presentar mejores resultados. Esto sugiere que la confianza y la comunicación abierta pueden ser más relevantes que la supervisión constante. En correspondencia con Tilton-Weaver et al. (2010), cuando los padres reaccionan bien a lo que sus hijos les cuentan, los hijos se sienten más cercanos a ellos y, con el tiempo, les cuentan más cosas.

En la práctica, la American Academy of Pediatrics (2015a) recomienda hacer preguntas concretas sobre lo que sabes que le preocupa a tu hijo, por ejemplo, sobre una clase en particular, en lugar del típico "¿cómo te fue en el colegio?". También sugiere aprovechar momentos como los viajes en carro, porque hay pocas distracciones y la conversación se siente menos tensa (American Academy of Pediatrics, 2015a). Cuida además tus reacciones, ya que una cara de sorpresa o de disgusto, aunque no digas nada, crea barreras entre los dos (American Academy of Pediatrics, 2015a). Y si tu hijo se queda callado, según la American Academy of Pediatrics (2015a), no te rindas, porque su silencio no significa que no te esté escuchando.

También ayuda interesarte por las cosas que son importantes para tu hijo, porque así le demuestras que a ti también te importan (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, s.f.). Además, reconocer en el momento lo que hace bien, con elogios concretos, puede reforzar su confianza y su autoestima (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, s.f.). Si no quiere hablar, es mejor no forzar la conversación y decirle que estarás ahí cuando quiera hacerlo (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, s.f.). Y cuando por fin te cuente algo, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (s.f.) sugiere reconocer lo que siente, por ejemplo, diciéndole que entiendes su enojo y que tú te sentirías igual.



Una Guía Rápida Para Casa

Situación

En lugar de…

Prueba con…

Tu hijo de 4 años llora porque se le cayó el helado

"No llores, que no es para tanto".

"Parece que estás triste porque se te cayó el helado", y quedarte a su lado.

Tu hija de 2 años señala un perro en el parque

Seguir mirando el celular.

Mirar lo que señala, decirle "¡Sí, es un perro!" y esperar a que responda.

Tu hijo de 8 años llega cansado del colegio

Preguntarle de inmediato por las tareas.

Darle un rato para descansar y hablar después en un lugar tranquilo.

Tu hija de 15 años discutió con una amiga

"Te dije que esa amistad no te convenía".

Escucharla hasta el final y preguntarle si quiere tu opinión antes de darla .

Tu hijo de 13 años responde "bien" a todo

"¿Por qué nunca me cuentas nada?".

Preguntarle por algo concreto, como una clase que le preocupa, durante un viaje en carro.

Tu hijo de 16 años no quiere hablar

Insistir hasta que hable.

Decirle que estarás ahí cuando quiera hablar, sin forzar la conversación.


Cuándo Buscar Ayuda Profesional

Es normal que un niño pase por momentos de tristeza, ansiedad, irritabilidad o agresividad, y la mayoría de las veces se trata de etapas propias de su desarrollo (Instituto Nacional de la Salud Mental, 2024). Aun así, es buena idea consultar si esos cambios duran varias semanas, le causan mucho malestar o le complican la vida en el colegio, en la casa o con sus amigos (Instituto Nacional de la Salud Mental, 2024). Si su conducta es peligrosa o si habla de querer hacerse daño o hacerle daño a otras personas, hay que buscar ayuda de inmediato (Instituto Nacional de la Salud Mental, 2024). Según el Instituto Nacional de la Salud Mental (2024), un buen primer paso es hablar con sus profesores y con el pediatra, que puede remitirlo a un profesional de salud mental con experiencia en evaluar a niños.

En la adolescencia conviene estar todavía más atentos, porque los cambios del cerebro, sumados a los cambios físicos, emocionales y sociales, pueden aumentar el riesgo de que los jóvenes tengan problemas de salud mental, como la ansiedad o la depresión (Instituto Nacional de la Salud Mental, 2023). También conviene consultar si la comunicación con tu hijo se ha convertido en un problema constante, porque el pediatra puede recomendar una evaluación o la ayuda de un asesor familiar (American Academy of Pediatrics, 2015b). Y si tu hijo no quiere hablar contigo de lo que le pasa, según la American Academy of Pediatrics (2015a), es útil que identifiques a otros adultos de confianza con quienes él pueda hablar.



Referencias

  1. American Academy of Pediatrics. (2015a, 21 de noviembre). Cómo comunicarse con su adolescente. HealthyChildren.org. https://www.healthychildren.org/Spanish/family-life/family-dynamics/communication-discipline/Paginas/How-to-Communicate-with-a-Teenager.aspx

  2. American Academy of Pediatrics. (2015b, 21 de noviembre). Lo que hay y no hay que hacer en la comunicación. HealthyChildren.org. https://www.healthychildren.org/Spanish/family-life/family-dynamics/communication-discipline/Paginas/Communication-Dos-and-Donts.aspx

  3. Center on the Developing Child at Harvard University. (2017, 27 de septiembre). 5 pasos para el desarrollo mental: Saque y volea. https://developingchild.harvard.edu/es/resources/inbriefs/5-pasos-para-el-desarrollo-mental-saque-y-volea/

  4. Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. (2016a, 29 de noviembre). Cómo comunicarse con su hijo. https://www.cdc.gov/parents/spanish/essentials/communication/index.html

  5. Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. (2016b, 29 de noviembre). Escuchar activamente. https://www.cdc.gov/parents/spanish/essentials/communication/activelistening.html

  6. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (s.f.). 11 consejos para tener una buena comunicación con los adolescentes. https://www.unicef.org/parenting/es/cuidad-infantil/11-consejos-tener-buena-comunicacion-con-adolescentes

  7. Havighurst, S. S., Wilson, K. R., Harley, A. E., Prior, M. R., & Kehoe, C. (2010). Tuning in to Kids: Improving emotion socialization practices in parents of preschool children—findings from a community trial. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 51(12), 1342–1350. https://doi.org/10.1111/j.1469-7610.2010.02303.x

  8. Instituto Nacional de la Salud Mental. (2023). El cerebro de los adolescentes: 7 cosas que usted debe saber (Publicación de NIH Núm. 23-MH-8078S). Departamento de Salud y Servicios Humanos, Institutos Nacionales de la Salud. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/el-cerebro-de-los-adolescentes-7-cosas

  9. Instituto Nacional de la Salud Mental. (2024). Los niños y la salud mental: ¿Es solo una etapa? (Publicación de NIH Núm. 24-MH-8085S). Departamento de Salud y Servicios Humanos, Institutos Nacionales de la Salud. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/los-ninos-y-la-salud-mental

  10. Kerr, M., & Stattin, H. (2000). What parents know, how they know it, and several forms of adolescent adjustment: Further support for a reinterpretation of monitoring. Developmental Psychology, 36(3), 366–380. https://doi.org/10.1037/0012-1649.36.3.366

  11. Romeo, R. R., Leonard, J. A., Robinson, S. T., West, M. R., Mackey, A. P., Rowe, M. L., & Gabrieli, J. D. E. (2018). Beyond the 30-million-word gap: Children's conversational exposure is associated with language-related brain function. Psychological Science, 29(5), 700–710. https://doi.org/10.1177/0956797617742725

  12. Stattin, H., & Kerr, M. (2000). Parental monitoring: A reinterpretation. Child Development, 71(4), 1072–1085. https://doi.org/10.1111/1467-8624.00210

  13. Tilton-Weaver, L., Kerr, M., Pakalniskeine, V., Tokic, A., Salihovic, S., & Stattin, H. (2010). Open up or close down: How do parental reactions affect youth information management? Journal of Adolescence, 33(2), 333–346. https://doi.org/10.1016/j.adolescence.2009.07.011

  14. Van Petegem, S., Soenens, B., Vansteenkiste, M., & Beyers, W. (2015). Rebels with a cause? Adolescent defiance from the perspective of reactance theory and self-determination theory. Child Development, 86(3), 903–918. https://doi.org/10.1111/cdev.12355

  15. Weger, H., Jr., Castle Bell, G., Minei, E. M., & Robinson, M. C. (2014). The relative effectiveness of active listening in initial interactions. International Journal of Listening, 28(1), 13–31. https://doi.org/10.1080/10904018.2013.813234

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