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Thomas Willis (1621 - 1675)

En la ciencia médica, el epónimo Willis se refiere a diversas estructuras anatómicas, entre ellas el círculo arterial cerebral (Arráez et al., 2015). En el año 2014, se cumplió el aniversario número 350 de la publicación en Londres de la destacada obra de Thomas Willis titulada “Cerebri anatome”. Este escrito estuvo muy influido por el contexto político y cultural de la Europa del Barroco y de la Inglaterra de mediados del siglo XVII en particular. Arráez et al. (2015) mencionan que, este libro, el cual, fue el resultado de lo que hoy se llama investigación traslacional, marcó el inicio de la neurología moderna y sentó las bases para la investigación futura en los campos de la anatomía clínica y comparativa del sistema nervioso.



Biografía

Poco después de la muerte de Shakespeare y de la reina Isabel, cuando Inglaterra aún disfrutaba del florecimiento artístico y cultural de la época isabelina, Thomas Willis nació el 27 de enero del año 1621 en Great Bedwyn, Wiltshire, a unas 70 millas al noroeste de Londres (Arráez et al., 2015). En correspondencia con Arráez et al. (2015), su padre, quien había servido antes a varios nobles, se estableció como labrador en un pueblo cercano a Oxford.

Willis fue a la escuela de Edward Sylvester y fue aceptado en la Universidad de Oxford el 3 de marzo del año 1637 (Arráez et al., 2015). Allí estudió primero en el Christ Church College bajo los auspicios del Dr. Thomas Isles y más tarde se trasladó al All Saints College. De acuerdo con Arráez et al. (2015), Willis obtuvo el título de Bachelor of Arts el 12 de junio del año 1639 y el de Master of Arts el 18 de junio del año 1642, el mismo año en que su padre Thomas, alguacil de Sir Walter Smith en Bedwyn, perdió la vida defendiendo al rey en el asedio de Oxford.

Thomas Willis tenía originalmente una inclinación clerical que le llevó a aprender latín, la lengua tanto de la autoridad religiosa como del poder político (Arráez et al., 2015). Arráez et al. (2015), mencionaron que, a pesar de que no le gustaba la inflexibilidad de la teología, su gran dominio del latín fue extremadamente beneficioso en sus posteriores escritos médicos.

Tuvo que trabajar como sirviente para el Dr. Thomas Isles y la Sra. Isles, quienes eran, el canónigo del Christ Church College y una médica no oficial, respectivamente (Arráez et al., 2015). Según Arráez et al. (2015), el interés de Willis por la medicina despertó mientras ayudaba a la señora Isles a hacer preparados médicos, y así, se introdujo en el creciente arte y en la ciencia de la alquimia.

En el año 1642, Willis comenzó sus estudios de medicina (Arráez et al., 2015). En noviembre de ese mismo año, el rey Carlos I se instaló en el Christ Church College de Oxford acompañado por el médico real William Harvey. Según Arráez et al. (2015), Willis se enteró de los principales avances que se estaban produciendo entonces en la medicina gracias a las clases a las que asistía con el Dr. Harvey.

Willis, monárquico, se unió al regimiento auxiliar del conde de Dover contra los parlamentarios (Arráez et al., 2015). Conforme con Arráez et al. (2016), el 8 de diciembre del año 1646, su lealtad se vio recompensada con la obtención del título de licenciado en medicina tras sólo 6 meses de estudio; de este modo, pudo iniciar su práctica médica antes de que las fuerzas parlamentarias tomaran Oxford.

En correspondencia con Campohermoso et al (2019), después de obtener su licencia para ejercer la medicina, Willis luchó por comenzar a ejercerla, pero no porque careciera de conocimientos, sino porque no tenía el dinero para vestirse tan elegantemente como un médico y tartamudeaba, lo que le hacía parecer poco inteligente, lo que no sólo era vergonzoso sino que también hacía pensar a su clientes que no debía ser un buen profesional.

El Protectorado prohibió el culto anglicano, pero Willis, un hombre piadoso, comenzó a celebrar asambleas religiosas en su casa (Arráez et al., 2015). Arráez et al. (2015) mencionaron que, mientras tanto, en la Universidad de Oxford, los elementos tradicionales de la enseñanza fueron sustituidos por nuevas tendencias que convirtieron a Oxford en el centro del conocimiento científico actual, alentadas por el pensamiento puritano e inspiradas por la obra de Francis Bacon una generación antes.

En oposición a la influencia puritana, algunos miembros del Colegio Invisible de Londres crearon el Club de Filosofía Experimental de Oxford del que Willis se hizo miembro en 1649 (Arráez et al., 2015). En él, de conformidad con Arráez et al. (2015), Thomas Willis se unió a personalidades como Robert Boyle, padre de la química; William Petty, filósofo, médico, empresario y economista; Christopher Wren, catedrático Savilian de Astronomía en Oxford y arquitecto del Sheldonian Theatre, el All Souls College y la catedral de San Pablo; Thomas Sydenham, conocido como el Hipócrates inglés; Robert Hooke, físico y microscopista; y Thomas Millington, médico, catedrático de Filosofía Natural en Oxford, presidente del Real Colegio de Médicos de Londres entre 1696 y 1703, y amigo íntimo de Willis.

Se reunían a menudo para discutir temas científicos o para realizar experimentos, lo que contribuyó enormemente al desarrollo de la investigación traslacional independiente en Oxford (Arráez et al., 2015). Según Arráez et al. (2015), la filosofía natural de Aristóteles fue sustituida por el atomismo de Pierre Gassendi, cuyas directrices tuvieron una gran influencia en el trabajo de Willis, junto con los conceptos iatroquímicos procedentes de Walter Charleton y de Théodore Turquet de Mayerne.

En aquella época era habitual que los médicos se consultaran entre sí sobre sus pacientes, y Willis lo hizo con muchos clínicos destacados (Arráez et al., 2015). La Biblioteca del St. John's College de Oxford conserva cartas que se intercambiaron entre Willis y Richard Higges de Coventry. En correspondencia con Arráez et al. (2015), estas cartas son buenas fuentes para estudiar la forma de razonar de Willis, que era bastante diferente a la de muchos de sus contemporáneos.

Las cartas describen la forma original de Willis de observar y tratar a los pacientes, con observaciones y opiniones pertinentes (Arráez et al., 2015). Así, en una carta dirigida a Higges, fechada el 24 de marzo del año 1665, Willis proporciona detalles sobre el tratamiento adecuado de los pies de una paciente. Esta carta también contiene descripciones detalladas de cómo debe prepararse la medicación destinada a ella durante la noche y el día. De conformidad con Arráez et al. (2015), los ejemplos anteriores indican cómo intentaba hacer uso de sus conocimientos experimentales para ayudar a los pacientes en la cabecera.

El 14 de diciembre del año 1650, Willis y Petty vivieron la experiencia más inusual entre los anatomistas: la reanimación de un cadáver (Arráez et al., 2015). Anne Greene había sido acusada de asesinato por matar a su bebé recién nacido, y fue colgada en el Cattle Yard de Oxford (Molnar, 2004). Las descripciones señalan que la colgaron durante media hora, luego la declararon muerta y la metieron en un ataúd (Molnar, 2004). Al abrir el ataúd, se oyó un ruido extraño procedente de su garganta, por lo que decidieron iniciar la reanimación (Arráez et al., 2015). Al cabo de un mes se había recuperado por completo, se casó y tuvo tres hijos más (Molnar, 2004). Según Arráez et al. (2015), este impresionante acontecimiento cambió su fortuna profesional.

El 7 de abril del año 1657, Willis se casó con Mary Fell, hermana de John Fell (Campohermoso et al., 2019). En 1660, tras la Restauración, Oxford fue purgada de elementos puritanos (Arráez et al., 2015). Ese mismo año, Willis se convirtió en doctor en medicina y profesor sedleano de filosofía natural en Oxford. Este cargo exigía dar conferencias, al menos dos veces por semana, sobre la tradición aristotélica. Sin embargo, según Arráez et al. (2015), la educación recibida de los miembros del Colegio Invisible le situaba en las antípodas de la tradición escolástica recién restaurada.

Gracias a la protección de su amigo, paciente y obispo de Londres Gilbert Sheldon, Willis pudo revelar a sus alumnos teorías personales y observaciones genuinas (Arráez et al., 2015). Entre ellos estaban John Locke, médico y filósofo, y Richard Lower, cuyas notas de las conferencias de Willis se convirtieron en la base de las Oxford Lectures de Willis. Lower se convirtió en un gran anatomista mientras ayudaba a Willis en sus estudios neurológicos. De acuerdo con Arráez et al. (2015), siguió a Willis a Londres, donde Lower observó cómo los pulmones transformaban la sangre venosa de color rojo oscuro en sangre arterial de color rojo brillante, y realizó los primeros experimentos de transfusión de sangre de perro a perro y de humano a humano, que se presentaron en la Royal Society.

En el año 1662, el rey Carlos II fundó la Royal Society de Londres y, un año después, Willis fue elegido miembro de esta Sociedad, siendo admitido en ella el 24 de octubre del año 1667 (Campohermoso et al., 2019). En el año 1664, fue elegido miembro honorario del Colegio de Médicos de Londres (Arráez et al., 2015). En el año 1665, Sheldon le propuso volver a Londres, donde se reunían otros científicos. Una vez más, en correspondencia con Arráez et al. (2015), Londres estaba en el centro de la "Nueva Ciencia", y Willis no podía estar ausente.

Se trasladó a St. Martin's Lane en el año 1666 y enseguida tuvo éxito (Arráez et al., 2015). Allí, conforme con Arráez et al. (2015), su práctica médica profesional ocupó la mayor parte de su tiempo y se convirtió en "el médico más famoso de Europa", según una placa grabada encargada por el nieto de Willis, que se encuentra en la capilla de St, Martin en Fenny Stratford, Inglaterra.

En el año 1674, compró al duque de Buckingham 3000 hectáreas de tierra cerca de Bletchley (Arráez et al., 2015). Finalmente, Thomas Willis murió de tuberculosis y neumonía el 11 de noviembre del año 1675. En correspondencia con Arráez et al (2015), sus restos descansan ahora junto a los de su esposa en el transepto norte de la Abadía de Westminster.



Obra y Publicaciones

Los escritos de Willis fueron ignorados por sus contemporáneos (Arráez et al., 2015). No obstante, la obra de Willis está bien descrita por Hughes e Isler, y en el rollo de Munk. La producción científica de Willis comprende siete obras y se divide en tres etapas. Según Arráez et al. (2015), es el resultado de su intenso interés por estudiar el alma humana desde el punto de vista iatroquímico.

Como la Reforma facilitó el uso de las lenguas locales, la mayoría de sus contemporáneos publicaron sus obras en inglés (Arráez et al., 2015). Sin embargo, conforme con Arráez (2015), Willis escribió sus obras en latín porque era una lengua pulcra y elegante y apoyaba la educación médica tradicional junto con la Universidad, la Monarquía y la Iglesia.

Excepcionalmente, el “Plain and Easie Method” de Willis se publicó originalmente en inglés, puesto que, era una edición póstuma de una obra escrita hacia 1666 (Arráez et al., 2015). Según Arráez et al. (2015), las numerosas ediciones recopiladas de las obras de Willis que aparecieron en los 50 años siguientes a su muerte, nueve en latín y dos en inglés, atestiguan su amplia influencia.

La principal contribución de Willis a la medicina consistió en la investigación de la morfología del sistema nervioso, incluyendo la embriología, la anatomía comparada y la anatomía patológica como base para la comprensión de la patología neurológica (Fresquet, 2005). En el año 1664 se publicó “Cerebri anatome” y René Descartes publicó “Traité de l’homme” (Arráez et al., 2015). Arráez et al. (2015) mencionaron que, ambos autores, en su esfuerzo por comprender la relación entre el alma y el cuerpo, compartían el objetivo de entender la estructura y la función del sistema nervioso; sin embargo, sus enfoques eran muy diferentes.

Las ambiciones de Willis eran mucho más modestas (Arráez et al., 2015). No especulaba sobre la relación entre el alma y el cuerpo. Para él, la observación de la estructura real debía prevalecer y no debía ser modificada para adaptarse a ninguna teoría. Willis, a diferencia de Descartes, quería entender las funciones normales del sistema nervioso para comprender las patologías neurológicas. Arráez et al. (2015), comunicaron que, para Willis, se puede imaginar fácilmente que un defecto o falta de fluidos nerviosos dañaba el espíritu vital y esto se reflejó en su “De anima brutorum”, en el que Willis estudió el "alma animal" o "sensible" del hombre.

Aunque pueda parecer un libro teórico y especulativo, Willis realizó aportaciones bastante maduras a la anatomía comparada del sistema nervioso porque basó sus teorías en la investigación animal (Arráez et al., 2015). Afirmaba que el “alma animal” era la parte más sutil e ígnea de la sangre y que todas las sensaciones, el movimiento y los impulsos dependían de los “espíritus animales”. En correspondencia con Arráez et al. (2015), frente a la naturaleza material del “alma sensitiva”, el "alma racional” tenía una naturaleza inmaterial e inmortal; albergaba las facultades de la sabiduría y la razón y, por tanto, debía ser exclusiva del hombre.

En este orden de ideas, Willis mencionaba que las enfermedades neuropsiquiátricas se producían cuando ambas "almas sensibles y racionales” estaban alteradas (Arráez et al., 2015). Finalmente, de acuerdo con Arráez et al. (2015), Willis hizo una de las primeras descripciones sistemáticas de las enfermedades neuropsiquiátricas, como por ejemplo, la cefalalgia, los trastornos del sueño, el coma, la apoplejía, el vértigo, la parálisis, la manía, el delirio y la melancolía.



“Cerebri Anatome”

La Relación Cuerpo - Cerebro - Alma Como Punto de Partida del Trabajo de Willis

Willis comenzó su investigación sobre la comprensión del "alma racional" y su interacción con el cerebro debido a su necesidad de nuevo material para sus conferencias en Oxford (Arráez et al., 2015). En la Dedicatoria, dirigida a Sheldon, entonces Arzobispo de Canterbury, Willis fue bastante explícito al afirmar que la "filosofía natural" y la "teología Cristiana" no debían considerarse alternativas o rivales, al tiempo que afirmaba que la anatomía podía desvelar los lugares secretos de la mente del hombre y mirar en la Capilla viva y respirante de la Deidad. Según Arráez et al (2015), Willis terminaba su dedicatoria afirmando que después de estudiar el cerebro, incluso el ateo más perverso reconocerá a Dios o rechazará tanto la religión como la razón.

Posteriormente, en el Prefacio, la religiosidad de Willis, combinada con sus métodos científicos, le llevó a considerar el cerebro como un sistema armonioso e interconectado diseñado por Dios (Arráez et al., 2015). Más adelante, mientras escribía sobre el cerebro, Willis expresaba sus opiniones sobre el papel del rey y la iglesia utilizando una metáfora, un recurso muy frecuente en las conferencias y obras filosóficas del periodo de la Restauración. Entonces, de conformidad con Arráez et al (2015), el cerebro era "la capital del Imperio" o "la Capilla de la Deidad", el órgano principal del cuerpo, así dividido en "provincias" y "pueblos" separados por "agua".

Willis también creía que trabajando en anatomía podía demostrar las semejanzas estructurales entre el hombre y los animales al mismo tiempo que eran diferentes en su función más elevada (Arráez et al., 2015). Esto significaba que el hombre tenía un "alma inmortal" además de la "compartida con los animales”. Por ello, “Cerebri anatome” es una obra de anatomía comparada con muchas referencias y dibujos en los que se compara al hombre con el caballo o la oveja. En correspondencia con Arráez et al. (2015), Willis se dio cuenta de que las funciones del sistema nervioso eran mucho más difíciles de entender que las de otros órganos.

Por consiguiente, Willis sustituyó la doctrina de Nemesius y dedujo que los ventrículos contenían líquido cefalorraquídeo, que recogía los productos de desecho de los efluvios (Arráez et al., 2015). Asimismo, según Arráez et al. (2015), Willis reconoció la corteza como el sustrato de la cognición y afirmó que la girofalia estaba relacionada con un aumento progresivo de la complejidad de la cognición.

Conforme con Arráez et al. (2015), en su esquema funcional, el origen de los movimientos voluntarios se situaba en la corteza cerebral, mientras que los movimientos involuntarios procedían del cerebelo; la memoria se situaba en la sustancia blanca; los giroscopios controlaban la memoria, la voluntad y la imaginación; y el estriado tenía un papel esencial en la sensación y en el movimiento.

Thomas Willis era un entusiasta defensor de los “spiritus animalis” que se extraían de una destilación cerebral de la sangre y descendían por los nervios hacia los territorios orgánicos para provocar sensaciones y movimientos (Arráez et al., 2015). En correspondencia con Arráez et al. (2015), los fluidos nerviosos transportados por el “spiritus” no se encontraban en el interior de las fibras nerviosas, como se creía entonces, sino en su espacio intersticial.

Willis planteó una hipótesis sobre la sensación y el movimiento, la cual, implicaba los túbulos nerviosos, descubiertos en el cerebro por Malpighi, con las fibras membranosas de Baglivi (Arráez et al., 2015). Además, consideraba que el proceso químico era fundamental: la sustancia debía llegar a los músculos a través de los nervios para unirse al "spiritus animalis" extraído de la sangre. De acuerdo con Arráez et al. (2015), la reacción resultante desencadenaba la contracción muscular.

Los Nuevos Enfoques Técnicos de Estudio de Willis

El primer capítulo y el más largo de su obra describe los nuevos enfoques y tecnologías en el campo de la conservación de órganos y la inyección de sustancias solidificables coloreadas (Arráez et al., 2015). Aquí, en correspondencia con Arráez (2015), Willis expone explícitamente su metodología científica.

En cuanto al método de disección, Willis se dio cuenta de que los anatomistas anteriores estudiaban el cerebro por disección in situ, es decir, tras abrir la bóveda craneal, donde, extraían sucesivamente rodajas de cerebro (Arráez et al., 2015). Este método les permitía estudiar detenidamente los ventrículos, pero dificultaba la apreciación de la delicada anatomía del tronco cerebral. Por su parte, Willis extrajo todo el cerebro intacto, lo que le permitió estudiar un órgano mucho menos deformado. Arráez et al. (2015) mencionaron que, al escribir “Cerebri anatome”, Thomas Willis disponía de una amplia colección de tablas y atlas anatómicos en los que podía basarse durante sus investigaciones originales.

Aunque Willis consideraba a Galeno e Hipócrates como los padres fundadores de la medicina, opinaba que los anatomistas clásicos no sólo carecían de suficientes detalles anatómicos, sino que también estaban afectados por un sistema de creencias erróneo y de base pagana (Arráez et al., 2015). Arráez et al. (2015) mencionaron que, esta falta de fe hacía que los antiguos fueran incapaces de reconocer la verdadera belleza de la última creación de Dios, la humanidad.

Willis también fue un innovador en las técnicas de conservación del cerebro para su disección (Arráez et al., 2015). Arráez et al. (2015) trajeron a colación que, para retrasar la rápida descomposición del cerebro, Willis lo conservaba en alcohol puro, un método de conservación del cuerpo propuesto por primera vez por Boyle.

Ilustraciones y Grabados

Saber ilustrar sus hallazgos en la disección fue uno de los mayores logros de Thomas Willis en su obra “Cerebri anatome” (Arráez et al., 2015). En correspondencia con Arráez et al (2015), Leonardo da Vinci instó al anatomista a disipar de su mente la idea de que la comprensión del cuerpo humano en todos los aspectos de su estructura podría darse con palabras.

A partir de la publicación de la "Historia de la composición del cuerpo humano" de Valverde de Amusco (1556), los textos anatómicos fueron incorporando paulatinamente algún tipo de leyenda visual e ilustraciones de mayor calidad grabadas en láminas realizadas mediante planchas de cobre (Arráez et al., 2015). De hecho, de conformidad con Arráez et al. (2015), las 23 figuras encontradas en “Cerebri anatome” no tenían precedentes en la historia de la anatomía.

Nuevas Descripciones Anatómicas

Cabe destacar que en “Cerebri anatome” Willis describió varias estructuras, como por ejemplo, el núcleo estriado, la cápsula interna, los pedúnculos cerebelosos, la comisura anterior, el claustro, el núcleo olivar inferior, las pirámides, el tálamo, la estría terminal y algunos nervios (Arráez et al., 2015). De la misma forma, afirmó que el tejido cerebral no tenía sensibilidad a los estímulos dolorosos, pero sí las meninges. Finalmente, en correspondencia con Arráez et al. (2015), aclaró algunos conceptos sobre el sistema nervioso vegetativo e hizo una clasificación de nueve nervios craneales.

Los Nervios Simpáticos y el Nervio Vago

La división entre los nervios simpáticos y el nervio vago se atribuye a menudo a Charles Estienne (Arráez et al., 2015). Sin embargo, Eustachius y Thomas Willis fueron los únicos anatomistas de esta época que dieron ejemplos claros de esta separación. También, afirmaron que había un origen intracraneal para la subdivisión simpática del sistema nervioso autónomo. Por ello, Arraéz et al. (2015) mencionan que, algunos autores piensan que Willis conocía las tablas inéditas de Eustachius, mientras que otros autores consideran que diferentes líneas de pensamiento llevaron a conclusiones similares.

"Cerebri anatome" incluye dos ilustraciones esquemáticas, precisas y claras de esta separación, se parecen a las de Eustachius (Arráez et al., 2015). Aunque las ilustraciones de Willis eran de menor belleza artística, tenían la ventaja de mostrar las relaciones topográficas con los órganos viscerales. De conformidad con Arráez et al. (2015), Willis también declaró que el nervio vago era más importante para los animales inferiores que los nervios simpáticos.

Uno de los principales principios de Willis proponía que el cerebro influía en el cerebelo a través de la placa cuadrigémica y de los pedúnculos cerebelosos superiores, por lo que este último coordinaba los nervios vago e "intercostal", que eran involuntarios (Arráez et al., 2015). Esta influencia se manifestaba a menudo en la histeria por la dificultad para respirar, el dolor torácico, la distensión abdominal y los arrebatos de llanto y risa. Por lo tanto, en correspondencia con Arráez et al. (2015), Willis se anticipó a las ideas modernas sobre la fisiología de la emoción.

La descripción de Willis de los nervios intercostales no ha recibido mucha atención por parte de los historiadores de la medicina (Arráez et al., 2015). Sin embargo, los nervios intercostales son de suma importancia para su neurología. Willis explicó que a través de estos nervios, que conectan el cerebro con el corazón y las vísceras inferiores, el cerebro controla las pasiones y los instintos de la parte inferior del cuerpo. En otras palabras, según Arráez et al. (2015), Willis creía que los nervios intercostales mediaban una especie de racionalidad y que, por tanto, hacen del ser humano un ser racional.

El Nervio Accesorio

Willis fue el primer anatomista que describió e ilustró el nervio accesorio como un nervio independiente (Arráez et al., 2015). Estudió que el nervio accesorio en peces y aves de corral abastecía a las aletas y las alas en lugar de a los músculos del cuello, como ocurre en los seres humanos y otros mamíferos. En correspondencia con Arráez et al. (2015), la conexión temporal entre el nervio accesorio y el vago llamó su atención y le llevó a especular sobre la respuesta del cerebro al miedo y otras pasiones vinculadas a los músculos del cuello y de los brazos.

Los Nervios Craneales

Willis hizo importantes contribuciones a la denominación y numeración de los nervios craneales (Arráez et al., 2015). Desde Galeno hasta el siglo XVI estos nervios se denominaron "nervios cerebrales”. De conformidad con Arráez et al. (2015), Willis fijó el origen de estos nervios en el interior del cráneo, afirmando que el par de nervios está naciendo dentro del cráneo.

La popularidad de Willis ayudó a consolidar una nueva clasificación compuesta por nueve nervios craneales (Arráez et al., 2015). En correspondencia con Arráez et al. (2015), su clasificación de los nervios craneales supuso una notable mejora con respecto a sus predecesores, puesto que, incluía nueve nervios craneales, siendo los que se reconocen hoy en día.

En el esquema de Willis, el séptimo nervio abarcaba los nervios facial y vestibulococlear; el octavo nervio incluía los nervios glosofaríngeo y vago, y la raíz craneal del nervio accesorio; y el cuarto nervio estaba formado por el nervio hipogloso y la raíz espinal del nervio accesorio (Arráez et al., 2015). Esta clasificación se mantuvo durante los siguientes 114 años hasta que, en el año 1778, Sömmering introdujo la clasificación actual de 12 nervios craneales. De hecho, conforme con Arráez et al. (2015), el trabajo de Willis fue tan popular en Inglaterra que algunas obras inglesas utilizaron su clasificación hasta finales del siglo XIX.

El Círculo Arterial Cerebral

Willis no fue el primer anatomista en dar una descripción o ilustración razonable del círculo arterial cerebral (Arráez et al., 2015). Según Arráez et al (2015), "Cerebri anatome" contiene la primera ilustración completa de la anastomosis arterial como un círculo completo situado en la base cerebral.

Es importante destacar que Thomas Willis nunca afirmó ser la primera persona en descubrir el círculo arterial (Arráez et al., 2015). En correspondencia con Arráez et al (2015), los sucesores inmediatos de Willis en este campo, no lo citaron, ni a nadie más, como descubridor del círculo arterial, aunque la mayoría de ellos hacen comentarios apreciativos o críticos sobre "Cerebri anatome", y en particular sobre la descripción de las arterias cerebrales.

Sin embargo, Willis fue realmente el primero en comprender el significado funcional y patológico de este círculo arterial (Arráez et al., 2015). Arráez et al. (2015) mencionaron que, como verdadero médico académico, y también como investigador traslativo ejemplar, llevó a cabo una cirugía experimental para demostrar los mecanismos de compensación del cerebro y detectó la existencia de la barrera hematoencefálica, sobre la que sugirió que sólo las partículas más pequeñas, esenciales para el rápido desempeño de la función nerviosa, se desplazaban de la sangre al cerebro.



Legado

El nombre de Willis ha sobrevivido, en gran medida, por su descripción del círculo de Willis, el círculo arterioso de la base del cerebro (Molnar, 2004). Según Molnar (2004), se le ocurrió por casualidad la idea de un círculo durante la autopsia de un hombre que murió de cáncer de estómago, y demostró su significado funcional trazando el curso de una inyección de tinta post-mortem.

Los logros de Willis son particularmente impresionantes, teniendo en cuenta que realizó sus observaciones diseccionando cerebros sin fijar, algunos de los cuales debían estar en condiciones extremadamente pobres (Molnar, 2004). Al estudiar estos cerebros sin fijar, Willis reclasificó los nervios craneales, superando la descripción de Galeno. De esta forma, en correspondencia con Molnar (2004), reconoció los nervios craneales primero a sexto, tal como se conocen actualmente.

Sin embargo, su séptimo nervio era el auditivo, con dos ramas e identificó el octavo nervio como el nervio vago, reconociendo sus ramas hasta el corazón (Molnar, 2004). No obstante, junto con Richard Lower, demostró las funciones del nervio vago, ligándolas en perros. Finalmente, según Molnar (2004), Willis descubrió el nervio accesorio espinal, y sus ilustraciones muestran los nervios glosofaríngeo e hipogloso, aunque con una nomenclatura opuesta a la actual.

De la misma manera, reconoció que la médula oblonga del tronco cerebral es esencial para la regulación de las funciones del corazón, de los pulmones y de los intestinos (Molnar, 2004). De conformidad con Molnár (2004), Willis creía que los impulsos nerviosos iban y venían del cerebro, y que los "espíritus animales" se "reflejaban" en la periferia desde el estriado.

Sus teorías sobre el paso de los impulsos nerviosos son aún más sorprendentes si se tiene en cuenta que se adelantan en cientos de años al descubrimiento de la corriente eléctrica (Molnar, 2004). Según Molnár (2004), no se suele reconocer que Willis fue también la primera persona que propuso que la función cognitiva superior del cerebro humano procede de las circunvoluciones de la corteza cerebral.

En aquella época, la opinión dominante era la del médico griego Galeno, el cual, sostenía que las cavidades llenas de líquido del cerebro contenían el producto final de la "destilación perfecta", llamado espíritu animal (Molnar, 2004). En general, se creía que habían tres células implicadas en las funciones cognitivas. La primero, el sensus communis, la cual, recibía las señales de los ojos, los oídos, la lengua, la nariz y la piel. Se pensaba que estas señales se mezclaban antes de pasar al ventrículo medio, sede de la razón, el pensamiento y el juicio. Conforme con Molnár (2004), el último paso era la memoria propiamente dicha, que se formaba en el último ventrículo.

Según Molnár (2004), este dogma se cuestionó en el momento en que Leonardo da Vinci descubrió que la mayoría de los nervios sensoriales se dirigen a la zona del tercer ventrículo, lo que indicaba, que el sensus communis estaba situado en el tercer ventrículo y no en los ventrículos laterales.

Por otro lado, Willis fue pionero en sus ideas sobre el sueño, el sonambulismo, el insomnio, la narcosis, el letargo y el cáncer (Molnar, 2004). Además, relacionó el letargo con la hidrocefalia obstructiva, los tumores cerebrales y los derrames cerebrales. Finalmente, Molnár (2004) menciona que, cuando diseccionó a sus propios pacientes, intentó relacionar los síntomas de diferentes enfermedades psiquiátricas, como por ejemplo, la manía, la melancolía y la histeria, con la patología cerebral.



Referencias

  1. Arráez, L., Navia, P., Fuentes, T., & Bueno, J. L. (2015). Thomas Willis, a pioneer in translational research in anatomy (on the 350th anniversary of Cerebri anatome). Wiley Online Library. Recuperado 13 de enero de 2022, de https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/joa.12273

  2. Campohermoso, O. F., Solíz, R. E., Campohermoso, O., Flores, R. I., & Huallpara, V. (2019). Tomas Willis, neuroanatomista y padre de la neurología. Scielo. Recuperado 12 de enero de 2022, de http://www.scielo.org.bo/scielo.php?pid=S1652-67762019000200013&script=sci_arttext

  3. Fresquet, J. L. (2005). Thomas Willis (62-675). Historia de la Medicina. Recuperado 12 de enero de 2022, de https://www.historiadelamedicina.org/pdfs/willis.pdf

  4. Molnár, Z. (2004). Thomas Willis (1621–1675), the founder of clinical neuroscience. Research Gate. Recuperado 12 de enero de 2022, de https://www.researchgate.net/publication/8666149_Thomas_Willis_1621-1675_the_founder_of_clinical_neuroscience

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