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¿Es Normal Olvidar Algunas Cosas? Cuando la Memoria Envejece y Cuándo Debemos Prestar Atención

hace 2 días
6 min de lectura
Mujer mayor de perfil, pensativa, con cerebro iluminado y piezas de rompecabezas flotando; fondo azul con árbol borroso.

Todos hemos vivido situaciones como entrar a una habitación y olvidar qué íbamos a hacer, no recordar dónde dejamos las llaves, olvidar temporalmente el nombre de una persona o tener la sensación de que una palabra está "en la punta de la lengua" sin lograr recordarla. Cuando estas situaciones ocurren, muchas personas se preguntan si son parte normal del envejecimiento o si podrían ser una señal de algo más importante.

La buena noticia es que olvidar algunas cosas forma parte del funcionamiento normal de la memoria. De hecho, la memoria humana no funciona como una grabadora capaz de almacenar y recuperar cada detalle de nuestra vida con absoluta precisión (Small, 2023). Sin embargo, también es cierto que algunos cambios en la memoria pueden merecer una evaluación profesional. Entonces, ¿cómo diferenciar los olvidos cotidianos de aquellas señales que requieren mayor atención?

A menudo imaginamos la memoria como una especie de biblioteca donde cada experiencia queda almacenada exactamente igual a como ocurrió. Sin embargo, desde la neurociencia sabemos que la memoria es un proceso mucho más dinámico (Sekeres et al., 2021). Cada vez que vivimos una experiencia, el cerebro selecciona, organiza e interpreta la información disponible. Posteriormente, esa información debe almacenarse y, cuando es necesario, recuperarse. Por esta razón, recordar no consiste únicamente en acceder a un archivo guardado. También implica reconstruir la información utilizando recuerdos previos, emociones, atención y contexto (Sekeres et al., 2021). Esto explica por qué algunas veces podemos olvidar detalles específicos sin que exista necesariamente un problema de salud.


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La Atención También Influye en lo que Recordamos

Muchas veces atribuimos un olvido a la memoria cuando, en realidad, el problema ocurrió antes: en la atención. Para recordar algo, primero necesitamos prestar atención a la información. Si estamos distraídos, preocupados, cansados o realizando varias tareas al mismo tiempo, es posible que la información nunca llegue a almacenarse adecuadamente. Por ejemplo, una persona puede olvidar dónde dejó las llaves no porque tenga un problema de memoria, sino porque las dejó mientras pensaba en otra cosa y nunca prestó suficiente atención al momento de guardarlas. En estos casos, el cerebro no está fallando al recordar. Lo que ocurrió es que la información nunca se registró de manera adecuada desde el principio (Baddeley et al., 2024).

A medida que envejecemos, algunos procesos cognitivos pueden experimentar cambios graduales. Es relativamente frecuente que las personas necesiten más tiempo para recordar cierta información o que experimenten pequeñas dificultades para recuperar nombres, fechas o palabras específicas (Harada et al., 2022). Estos cambios suelen estar relacionados con modificaciones normales en la velocidad de procesamiento de la información y en algunos mecanismos de recuperación de recuerdos. Sin embargo, esto no significa necesariamente que exista una enfermedad o un deterioro cognitivo significativo. En el envejecimiento normal, la información suele recuperarse posteriormente. Por ejemplo:

  • Recordar un nombre unos minutos después.

  • Necesitar más tiempo para encontrar una palabra.

  • Olvidar temporalmente dónde se dejó un objeto.

  • Entrar a una habitación y olvidar momentáneamente qué se iba a hacer.

Aunque estos cambios pueden resultar frustrantes, suelen formar parte de las modificaciones normales asociadas al paso del tiempo. Lo más importante es que, en la mayoría de los casos, la persona logra recuperar la información o continuar desempeñando sus actividades habituales sin que estos olvidos interfieran significativamente con su autonomía o su funcionamiento cotidiano. En otras palabras, aunque recordar pueda requerir un poco más de tiempo o esfuerzo, las capacidades necesarias para desenvolverse en la vida diaria permanecen conservadas. Por esta razón, olvidar ocasionalmente un nombre, una palabra o el lugar donde se dejó un objeto no debe interpretarse automáticamente como una señal de enfermedad. Comprender que ciertos cambios pueden formar parte del envejecimiento normal ayuda a reducir preocupaciones innecesarias y permite diferenciar con mayor claridad aquellos olvidos esperables de las situaciones que realmente merecen una valoración profesional.



Cuando los Olvidos Merecen Mayor Atención

Existen situaciones en las que las dificultades de memoria pueden ir más allá de los cambios esperados del envejecimiento. Aunque todos podemos experimentar olvidos ocasionales, algunas manifestaciones pueden indicar que ciertos procesos cognitivos están siendo afectados de una manera más significativa. En estos casos, resulta importante prestar atención a la frecuencia, intensidad y repercusión que estos cambios tienen sobre la vida cotidiana. Algunas señales que merecen una valoración profesional incluyen:

  • Repetir constantemente las mismas preguntas.

  • Olvidar información reciente de manera frecuente.

  • Perderse en lugares conocidos.

  • Presentar dificultades para seguir conversaciones habituales.

  • Tener problemas para manejar actividades que anteriormente resultaban familiares.

  • Mostrar cambios importantes en el lenguaje, la orientación o la capacidad para resolver problemas cotidianos.

La presencia de una o varias de estas señales no significa necesariamente que exista una enfermedad neurodegenerativa, pero sí puede indicar la necesidad de una evaluación especializada (Livingston et al., 2024). Una valoración temprana permite identificar posibles causas, descartar otras condiciones que pueden afectar la memoria y, cuando sea necesario, iniciar estrategias de intervención y acompañamiento oportunas. Por esta razón, observar estos cambios con atención y consultar a un profesional ante la duda puede ser una medida importante para el cuidado de la salud cognitiva.



El Alzheimer: Mucho más que Olvidar

Cuando se habla de problemas de memoria, muchas personas piensan inmediatamente en la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, el Alzheimer no consiste únicamente en olvidar nombres o perder objetos ocasionalmente. Se trata de una enfermedad neurodegenerativa caracterizada por una afectación progresiva de diferentes funciones cognitivas (Alzheimer's Association, 2024). A medida que la enfermedad avanza, las dificultades suelen hacerse más evidentes e impactar diferentes aspectos de la vida cotidiana, afectando no solo la capacidad para recordar información, sino también la forma en que la persona se orienta, se comunica y se desenvuelve en su entorno. Además de la memoria, pueden verse comprometidos procesos relacionados con:

  • El lenguaje.

  • La orientación.

  • La atención.

  • Las funciones ejecutivas.

  • La capacidad para realizar actividades de la vida diaria.

Por esta razón, el Alzheimer suele producir cambios que van más allá de los olvidos cotidianos que experimentan muchas personas durante el envejecimiento normal, afectando funciones distintas a la memoria pero que, a su vez, se relacionan estrechamente con ella (Jack et al., 2024). Estas alteraciones pueden generar dificultades progresivas para desenvolverse de manera autónoma, por lo que la detección temprana y el acompañamiento adecuado resultan fundamentales para la persona y su entorno familiar.

Uno de los conceptos más interesantes en neurociencia es el de reserva cognitiva. Este término hace referencia a la capacidad del cerebro para afrontar cambios asociados al envejecimiento o a determinadas enfermedades gracias a las experiencias acumuladas a lo largo de la vida (Stern et al., 2023). Entre ellas: La educación, la lectura, la actividad física, las actividades intelectualmente estimulantes. Las cuales se han asociado con una mejor salud cognitiva durante el envejecimiento. Aunque ninguno de estos factores garantiza la ausencia de enfermedades, sí pueden contribuir a mantener el cerebro activo y favorecer un mejor funcionamiento cognitivo. Por esta razón, cuidar la salud cerebral no depende únicamente de la genética o del envejecimiento, sino también de muchos hábitos que cultivamos a lo largo de nuestra vida.



Cuidar la Memoria También Implica Cuidar el Cerebro

Cuando pensamos en memoria solemos buscar ejercicios o estrategias para recordar más información. Sin embargo, el funcionamiento de la memoria depende de muchos factores. Dormir adecuadamente, mantener actividad física regular, controlar el estrés, cuidar la salud cardiovascular, mantener relaciones sociales significativas y continuar aprendiendo, son algunas de las acciones que pueden favorecer la salud cerebral a lo largo del tiempo. La memoria no funciona de manera aislada. Forma parte de una red cerebral compleja que depende del bienestar general del cerebro (Livingston et al., 2024).

Olvidar algunas cosas forma parte de la experiencia humana. La memoria no es perfecta y pequeñas dificultades para recordar información pueden aparecer en cualquier etapa de la vida, especialmente cuando estamos cansados, distraídos o enfrentamos múltiples demandas o tareas al mismo tiempo. Sin embargo, también es importante reconocer que no todos los olvidos son iguales. Comprender cómo funciona la memoria y conocer las diferencias entre los cambios normales y las señales que merecen atención puede ayudarnos a observar nuestro funcionamiento cognitivo con mayor tranquilidad, pero también con responsabilidad.

Después de todo, cuidar nuestra memoria no consiste únicamente en recordar más. También implica comprender mejor cómo funciona uno de los procesos más fascinantes y complejos del cerebro humano. Cada experiencia que vivimos, cada aprendizaje que adquirimos y cada recuerdo que conservamos forman parte de una capacidad extraordinaria que nos permite construir nuestra historia personal, adaptarnos al entorno y dar sentido a nuestra vida cotidiana. Por ello, proteger la salud cerebral es también una forma de cuidar nuestra calidad de vida y nuestro bienestar a lo largo del tiempo.



Referencias

  1. Alzheimer's Association. (2024). 2024 Alzheimer's disease facts and figures. Alzheimer's & Dementia, 20(5), 3708–3821. https://doi.org/10.1002/alz.13809

  2. Baddeley, A., Eysenck, M. W., & Anderson, M. C. (2024). Memory (3rd ed.). Routledge.

  3. Harada, C. N., Love, M. C. N., & Triebel, K. L. (2022). Normal cognitive aging. Clinics in Geriatric Medicine, 38(2), 189–200.

  4. Jack, C. R., Bennett, D. A., Blennow, K., Carrillo, M. C., Dunn, B., Haeberlein, S. B., ... & Silverberg, N. (2024). NIA-AA revised criteria for Alzheimer's disease diagnosis and staging. Alzheimer's & Dementia, 20(8), 5143–5169.

  5. Livingston, G., Huntley, J., Liu, K. Y., Costafreda, S. G., Selbæk, G., Alladi, S., ... & Mukadam, N. (2024). Dementia prevention, intervention, and care: 2024 update. The Lancet, 403(10440), 572–628. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(24)00000-X

  6. Sekeres, M. J., Winocur, G., & Moscovitch, M. (2021). The hippocampus and related neocortical structures in memory transformation. Neuroscience Letters, 680, 39–53.

  7. Small, G. W. (2023). Memory and aging: What is normal and what is not? Harvard Health Publishing.

  8. Stern, Y., Arenaza-Urquijo, E. M., Bartrés-Faz, D., Belleville, S., Cantilon, M., Chetelat, G., ... & Vuoksimaa, E. (2023). Whitepaper: Defining and investigating cognitive reserve, brain reserve, and brain maintenance. Alzheimer's & Dementia, 19(6), 2101–2115. https://doi.org/10.1002/alz.12731

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