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Ideas Innatas y el Origen del Conocimiento Para Gottfried Leibniz

¿El aprendizaje se produce a través de la experimentación con el entorno o mediante la reflexión y la introspección? Este interrogante refleja el tema principal que, durante la época de la Ilustración, sirvió como eje diferenciador para distinguir a los grandes tipos de filósofos: los racionalistas, quienes defendían que el conocimiento se extrae mediante la razón, y los empiristas, quienes creían que el intelecto se desarrolla mediante la experiencia (Torres, 2017). Gottfried Wilhelm Leibniz (1646 - 1716), sin embargo, no encajaba en ninguna de estas dos categorías. Torres (2017) menciona que, a pesar de que han transcurrido más de 300 años desde su muerte, sus ideas aún pueden servir hoy en día para entender de manera aproximada e intuitiva cómo se experimenta la realidad.



Las Mónadas

Leibniz reconoce que, aunque el desentrañamiento de las nociones podría servir para descubrir la verdad, en la práctica esto resulta ser una tarea imposible, debido a que la racionalidad humana no posee la suficiente potencia para procesar tal magnitud de información (Torres, 2017). No obstante, esto no implica que cada elemento del universo esté desprovisto de fragmentos de la verdad. De hecho, según Leibniz, el universo se compone de unidades denominadas mónadas, las cuales son entidades metafísicas que albergan representaciones de todo lo existente. Conforme con Torres (2017), al ser verdadera y abarcar tanto el pasado como el presente y el futuro, una mónada es idéntica a cualquier otra, ya que todas coinciden en contener la verdad.



Ideas y Conocimientos

La epistemología de Leibniz comienza con la distinción entre ideas claras y oscuras (Glowienka, s.f.). Una idea es clara cuando permite reconocer la cosa representada, oscura cuando no lo hace. Por ejemplo, si alguien ha visto un jerbo, puede tener una idea de lo que es un jerbo. Sin embargo, si la próxima vez que se encuentra con un pequeño roedor no puede determinar si es un jerbo o un hámster, entonces solo tiene una idea oscura de "jerbo". Leibniz clasifica las ideas claras en dos categorías: confusas y distintas. Una idea clara también es distinta cuando se pueden catalogar todas las marcas o criterios que distinguen esa idea de las demás. Un fisiólogo animal puede diferenciar y enumerar las características comunes a todos los roedores y las únicas de los jerbos. Según Glowienka (s.f.), un niño con un jerbo como mascota podría no ser capaz de hacerlo y, por lo tanto, tendría una idea clara pero confusa.

Leibniz procede a clasificar aún más las ideas claras y distintas como adecuadas o inadecuadas (Glowienka, s.f.). Si se tiene una idea adecuada, se tiene un conocimiento claro y distinto no solo de la idea en cuestión, sino también de todas sus partes y componentes. Se tiene un conocimiento claro y distinto "hasta el final" hasta los conceptos primitivos que componen la idea. Leibniz admite que no está seguro de si algún ser humano posee una idea adecuada, pero considera que el conocimiento aritmético casi se acerca a la adecuación. De acuerdo con Glowienka (s.f.), en todos los demás casos, en los que no se pueden llevar a cabo análisis exhaustivos hasta conceptos primitivos, se tienen ideas claras, distintas, pero inadecuadas.

En sus más altos alcances, Leibniz menciona que el conocimiento no solo es adecuado, sino también intuitivo (Glowienka, s.f.). El conocimiento intuitivo es adecuado y no discursivo. Esto significa que una persona conoce de manera clara y precisa todos los componentes de una idea y los comprende simultáneamente. En correspondencia con Glowienka (s.f.), en el caso de todo conocimiento adecuado, el conocimiento intuitivo parece ser más apropiado para los conocedores divinos que para los humanos, puesto que estos últimos no pueden pensar en todos los componentes de un concepto complejo al mismo tiempo.

Una consecuencia de su taxonomía del conocimiento es que le proporciona un medio para explicar la percepción sensorial (Glowienka, s.f.). Dado su idealismo, todo lo que existe en el mundo son las mónadas y sus estados mentales. Los cuerpos son fenómenos y, por lo tanto, no son fuentes de conocimiento. Entonces, ¿qué es la percepción sensorial? ¿Existe alguna diferencia entre la sensación y el intelecto si todas las ideas surgen del propio concepto de una mónada, sin interacción entre mónadas? Leibniz señala que lo que se experimenta como percepciones sensoriales son ideas confusas. Incluso si son claras, las percepciones sensoriales son necesariamente confusas. Glowienka (s.f.), menciona que, aunque estas percepciones surgen espontáneamente, expresan la armonía entre una mónada dada y todas las demás; por tanto, es imposible enumerar todos los factores que contribuyen a la percepción de cualquier sentido dado, la mayoría de los cuales caen por debajo del umbral de la conciencia.

Con la categoría de ideas claras y confusas, Leibniz puede preservar de manera significativa la distinción entre sensación e intelección sin comprometer los principios básicos de su idealismo (Glowienka, s.f.). Sul enfoque de las ideas y el conocimiento lo distingue en algunos aspectos clave de sus compañeros racionalistas del siglo XVII. La división entre distinción y adecuación lo lleva a diferenciar entre definiciones nominales y reales. Las definiciones nominales incluyen conocimientos distintos; identifican suficientemente las marcas definitorias de un concepto. Sin embargo, en correspondencia con Glowienka (s.f.), no garantizan que el concepto sea posible. Podría ser que un concepto sea internamente inconsistente, un hecho que se revelaría si uno tuviera un conocimiento adecuado de todas sus partes.



La Idea de las Nociones

Leibniz tenía la convicción de que cada componente de la realidad, independientemente de si se trata de un individuo, un paisaje o un objeto, se encuentra vinculado a un concepto conocido como "noción" (Torres, 2017). Se entiende por "noción" todo aquello que se puede afirmar como verdadero acerca del componente de la realidad al que está asociado. Para ilustrar este concepto, Torres (2017) menciona que el color de un cuervo es negro y que las extremidades traseras de este animal carecen de plumas, entre otros aspectos.



Todo Está Relacionado

Leibniz, un pensador profundamente influenciado por el racionalismo, sostenía la creencia de que el lenguaje debería aspirar a emular las matemáticas, un sistema hermético de símbolos (Torres, 2017). Según su perspectiva, si algo es verdadero, debe estar intrínsecamente conectado con las verdades de otros elementos de la realidad, los cuales son descritos por sus respectivas nociones, al menos desde el punto de vista teórico. De esta manera, si se descubren las relaciones entre las diferentes nociones, se obtendrá un conocimiento integral de la realidad. En esencia, una noción no sólo contiene verdades sobre el elemento al que está asociada, sino que también proporciona información sobre todos los elementos con los que se relaciona. Como ilustración de este concepto, Torres (2017) menciona que, si un ser tiene plumas cubriendo los dedos de sus extremidades inferiores, no puede ser un cuervo.



Ideas Innatas

Se suele situar a Leibniz en el campo de los racionalistas, en oposición a los empiristas como John Locke (Look, 2020). Aunque existen argumentos para cuestionar esta distinción, Leibniz se ajusta a la descripción en dos aspectos: es un racionalista en la medida en que se adhiere al Principio de la Razón Suficiente, y es un racionalista en la medida en que acepta ideas innatas y rechaza la idea de que la mente es una tabula rasa. En cuanto a las lealtades clásicas de Leibniz, es interesante observar que, en el ámbito de la metafísica, a menudo expresaba su filosofía en términos aristotélicos y escolásticos, pero que, en el ámbito de la epistemología, era un platonista bastante abierto, al menos en términos de la existencia de ideas innatas. De hecho, según Look (2020), en los pasajes iniciales de sus "Nuevos Ensayos sobre la Comprensión Humana", su comentario de un libro sobre el "Ensayo de Locke sobre la Comprensión Humana", Leibniz se alinea con Platón en la cuestión fundamental del origen de las ideas.

Leibniz tiene una serie de razones metafísicas directas para rechazar la idea de que la mente pueda ser una tabula rasa (Look, 2020). En primer lugar, ya que no puede haber una interacción causal genuina entre las sustancias, entonces no podría haber manera de que todas las ideas puedan venir de la experiencia; de hecho, ninguna idea podría, estrictamente hablando, venir de la experiencia. Pero, en segundo lugar, Leibniz cree que la opinión de que las mentes son pizarras en blanco al nacer viola el Principio de la Identidad de los Indiscernibles. En resumen, el Principio de la Identidad de los Indiscernibles funciona contra átomos físicos cualitativamente idénticos y contra almas cualitativamente idénticas (porque están en blanco). Pero, ¿cómo podrían la experiencia y los sentidos proporcionar las ideas? ¿El alma tiene ventanas? ¿Es similar a las tabletas de escritura o a la cera? Claramente, conforme con Look (2020), aquellos que tienen esta visión del alma la están tratando como fundamentalmente corpórea.

Locke fue famoso por entretener la posibilidad de "pensar en la materia", y Leibniz encontró tal tesis abominable (Look, 2020). A lo largo de su carrera, Leibniz no expresa ninguna duda de que la mente o el alma son esencialmente inmateriales, y el escepticismo de Locke sobre la naturaleza de la sustancia está fundamentalmente en desacuerdo con los compromisos filosóficos más profundos de Leibniz. Sin embargo, la consecuencia de esto era que Leibniz busca socavar la posición de Locke con respecto al origen y la naturaleza de las ideas. Conforme con Look (2020), Leibniz tiene un argumento a favor de la inmaterialidad de la mente o en contra de su mecanismo, el cual hacía referencia a la naturaleza del pensamiento y las ideas.

Esta es su famosa metáfora de un molino, que aparece tanto en los "Nuevos Ensayos" como en la "Monadología" (Look, 2020). Las percepciones no podían explicarse en términos mecánicos o materialistas (Look, 2020). Incluso si se creara una máquina a la que se le atribuyera el pensamiento y la presencia de percepciones, la inspección del interior de esta máquina no revelaría la experiencia de pensamientos o percepciones, sino solo los movimientos de varias partes. Sin embargo, según Look (2020), aunque Leibniz aceptaba la forma común de hablar, es decir, como si los sentidos fueran causalmente responsables de algunas ideas, tenía argumentos en contra de la afirmación empírica de que los sentidos eran el origen de todas las ideas.

Según Leibniz, si bien la posición empírica podía explicar la fuente de las verdades contingentes, no podía explicar el origen y el carácter de las verdades necesarias (Look, 2020). Porque los sentidos nunca podrían llegar a la universalidad de cualquier verdad necesaria; podrían, en el mejor de los casos, proporcionar los medios para hacer una inducción relativamente fuerte. Más bien, era la comprensión en sí misma, la que era la fuente de tales verdades y la que garantizaba su propia necesidad. Look (2020) menciona que, aunque las personas no sean conscientes de todas las ideas, un hecho demostrado por la función y el papel de la memoria, ciertas ideas o verdades estaban en la mente como disposiciones o tendencias.

Esto era lo que se entendía por una idea innata o una verdad innata (Look, 2020). De hecho, Leibniz creía que la mente tenía una "afinidad especial" por las verdades necesarias. Sobre este tema, Leibniz utilizaba una metáfora distintiva: una pieza de mármol tenía venas que indicaban o estaban dispuestas para indicar formas que un escultor hábil podía descubrir y explotar. Del mismo modo, según Look (2020), había una disposición, una aptitud, una preformación, que determinaba nuestra alma y hacía que las verdades necesarias se pudieran derivar de ella.



Verdades de Razón y Verdades de Hecho

La existencia de las mónadas no cambia el hecho de que los individuos no sean capaces de asimilar su presencia, y en la práctica, a menudo se actúa como si nada fuera seguro (Torres, 2017). Aunque los seres humanos pueden acceder a verdades simples a través de las matemáticas, esto no les permite dar el salto y alcanzar un conocimiento completo de lo verdadero y auténtico; simplemente se quedan en ese punto, con esa pequeña porción de realidad que establece que la suma de uno y uno equivale a dos. Es por eso que, conforme con Torres (2017), Leibniz hace una diferenciación entre las verdades de razón y las verdades de hecho.

En el caso de una verdad de razonamiento, su razón o explicación se puede descubrir mediante el análisis de las nociones o conceptos, resolviendo en ideas más simples y verdades más simples hasta que se llegue a las primitivas (Look, 2020). En última instancia, todas las verdades del razonamiento se resolverán en primitivas o identidades, y el Principio de Contradicción es, por lo tanto, operativo. En el caso de una verdad de hecho, por otro lado, su razón no se puede descubrir a través de un proceso finito de análisis o resolución de nociones. Sin embargo, debe haber una razón por la que algún hecho en particular sea así y no de otra manera, y, según Leibniz, esta razón se encuentra fuera de la serie de cosas contingentes (Look, 2020). De acuerdo con Torres (2017), la única entidad que tiene acceso total a las verdades de razón, sería el Dios cristiano.



Apercepción, Memoria y Razón

La jerarquía de monadas tiene un corolario en su epistemología (Look, 2020). Las mónadas son más o menos perfectas dependiendo de la claridad de sus percepciones, y una mónada es dominante sobre otra cuando contiene razones para lo que sucede en la otra. Sin embargo, algunas mónadas pueden elevarse al nivel de las almas cuando, por ejemplo, experimentan sensaciones, es decir, cuando sus percepciones son muy distintas y acompañadas de memoria. Además, algunas almas están en condiciones de participar en la percepción, es decir, para reflexionar sobre sus estados o percepciones internas. Conforme con Look (2020), es importante distinguir entre la percepción, que es el estado interno de la mónada que representa las cosas externas, y la apercepción, que es la conciencia o el conocimiento reflexivo de este estado interno, algo que no se da a todas las almas, ni en todo momento a un alma dada.

El punto que Leibniz quiere hacer es claramente anti - cartesiano: no es el caso de que los animales carezcan de almas y sean meras máquinas (Look, 2020). De acuerdo con Look (2020), aquí hay un continuo desde Dios, los ángeles y los seres humanos a través de los animales hasta las piedras y las mónadas opacas que subyacen a la suciedad y la mugre del mundo; y este continuo no solo debe entenderse en términos de la claridad comparativa de las percepciones de la mente, sino también en términos de los tipos de actividad mental posibles para un ser en particular.

Lo que hace que los seres humanos y las mentes superiores sean especiales es la capacidad, a través de la percepción, de formular una concepción del yo (Look, 2020). De hecho, Leibniz sugiere que la racionalidad en sí misma se deriva de la capacidad de reflexión. La racionalidad, sin embargo, es en realidad solo la capacidad de formar conexiones indudables de ideas y seguirlas hasta sus consecuencias infalibles. En otras palabras, según Look (2020), los animales y la mayoría de los seres humanos son puramente empíricos; una persona racional, sin embargo, es aquella que puede participar en un razonamiento genuino a priori, pasando del conocimiento de una causa verdadera a través de la deducción a los efectos necesarios.



Pequeñas Percepciones

Una de las tesis de su filosofía es que cada sustancia expresa todo el universo (Look, 2020). Con el fin de incorporar esta tesis en su epistemología general y filosofía de la mente, desarrolla su relato de "percepciones pequeñas" o "percepciones minúsculas". En cada momento hay en las personas una infinidad de percepciones, no acompañadas de conciencia o reflexión; es decir, de alteraciones en el alma misma, de las que no son conscientes porque estas impresiones son muy pequeñas y bastante numerosas, o demasiado invariables, por lo que no son lo suficientemente distintivas por sí solas. En otras palabras, según Look (2020), todo lo que tiene lugar en el universo realmente es expresado por cada mente finita, pero las infinitas percepciones presentes en la mente, desde el vuelo de la mariposa en la selva amazónica hasta el padeo del pingüino en la Antártida, suelen ser diminutas o demasiado indistintas para superar, por ejemplo, la apariencia de esta pantalla de computadora o la sensación de hambre.

La infinidad de las pequeñas percepciones es, entonces, simplemente ruido blanco epistemológico (Look, 2020). La simplicidad y la unidad de la mente todavía permiten la multiplicidad de percepciones y apetitos. Sin embargo, esta multiplicidad no solo debe interpretarse como diacrónica, sino también como sincrónica; es decir, la mente, a pesar de su simplicidad y unidad, tiene dentro de ella en cualquier momento una infinidad de pequeñas percepciones diferentes. Un individuo en un estado de vigilia es consciente de las percepciones particulares, pero nunca de todas. En correspondencia con Look (2020), la mente siempre está activa, ya que siempre hay percepciones presentes en ella, incluso si esas percepciones son diminutas y no se elevan a un nivel tal que las personas sean conscientes de ellas.



Referencias

  1. Glowienka, E. W. (s. f.). Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716). Internet Encyclopedia of Philosofy. Recuperado 31 de marzo de 2024, de https://iep.utm.edu/leib-ove/

  2. Look, B.C. (2020). Gottfried Wilhelm Leibniz. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Spring 2020). Metaphysics Research Lab, Stanford University. https://plato.stanford.edu/archives/spr2020/entries/leibniz/

  3. Torres, A. (2017, julio 18). La Teoría Epistemológica de Gottfried Leibniz. Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/psicologia/teoria-epistemologica-gottfried-leibniz

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