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Del Egoísmo al Amor Propio Según Aristóteles

Actualizado: 13 feb

Aristóteles se cuestionó si es más conveniente dirigir el afecto hacia uno mismo antes que hacia cualquier otra entidad, o si, por el contrario, era más recomendable orientar ese sentimiento hacia los demás (González, 2016). En correspondencia con González (2016), el sabio filósofo griego presentó una perspectiva singular sobre el egoísmo y su estrecha conexión con el amor propio.



El Intrincado Tejido del Amor

En "Ética a Nicómaco", la extensa obra de Aristóteles, el filósofo desentraña deductivamente lo que él considera que debe ser un individuo virtuoso (González, 2016). En este trabajo, el autor se centra en la comparación entre el amor propio o el amor a uno mismo y el egoísmo. Los hechos reales, según este filósofo, contradicen las teorías del egoísmo. Aunque es cierto que amar a un mejor amigo es virtuoso, también sostiene que el propio sujeto es el mejor amigo que se puede tener (González, 2016). Esto se debe a que, sin duda, las personas que se aman desean el bien propio, buscan una larga vida y son amables consigo mismas (Scomparin, 2010). Entonces, el filósofo griego se pregunta: ¿Es egoísta amarse a uno mismo? (González, 2016). Por supuesto, la relación más cercana que se puede tener en la vida es consigo mismo. En otras palabras, según Fernández (2003), el malvado pecaría no tanto por un amor excesivo a sí mismo, sino más bien porque no se ama lo suficiente.



Tras las Huellas del Egoísmo Aristotélico

Desde el momento en que el Aristóteles comienza a trazar los principios del amor propio, su disertación se sumerge en la exploración de los matices al egoísmo (González, 2016). González (2016) destaca que Aristóteles, a pesar de considerar el término "egoísmo" como despectivo y vergonzoso, no lo descarta por completo, ya que reconoce una dimensión más elevada en este concepto.

En su análisis, Aristóteles desglosa el egoísmo en dos categorías (González, 2016). El primer tipo se enfoca en el amor por lo terrenal, equiparado por el filósofo con el comportamiento general del pueblo, al que llama "vulgo". Este resultado se manifiesta en una sociedad marcada por una estratificación pronunciada, como la antigua Grecia. La describe como una ansiedad marcada por los placeres corporales, donde las personas buscan acumular riquezas, honores y bienes, encontrando auténtica devoción en lo material. Su único propósito es satisfacer sus deseos y pasiones, lo que Aristóteles considera como la escucha de la parte más irracional del alma. Este comportamiento lo interpreta como una costumbre vulgar, deplorable y ampliamente generalizada (González, 2016). Fernández (2003) menciona que, estos individuos buscan acaparar la riqueza, el honor o el placer en exceso, es decir, son codiciosos.

En la segunda categoría de reflexiones, el filósofo clásico profundiza en la noción de que los individuos que se orientan hacia las cimas más elevadas de la justicia y la sabiduría también pueden ser considerados egoístas (González, 2016). Sin embargo, es crucial destacar que este tipo de egoísmo no implica una orientación negativa o egocéntrica; más bien, se refiere a personas que, al buscar la virtud, el actuar correcto y la apreciación de la belleza, centran su atención en el desarrollo personal en aras de contribuir al bienestar colectivo. Por tanto, en correspondencia con González (2016), Aristóteles sostiene que que esta forma de egoísmo no está teñida de egoísmo desmedido o indiferencia hacia los demás.



El Egoísmo da Paso al Amor Propio

¿Cómo no llamar egoísta a una persona que se dedica en cuerpo y alma a la búsqueda de la sabiduría, la justicia y la belleza? Esta individualidad se esfuerza por satisfacer sus propias necesidades, marcando su único propósito en la vida (González, 2016). Aunque el filósofo reconoce la importancia de estos seres, los considera nobles y egoístas, pero no de manera perjudicial, ya que la razón gobierna su egoísmo, evitando que sea vulgar. De acuerdo con González (2016), no es una pasión, sino más bien una dedicación fundamentada en lo intelectual.

Aristóteles sostiene que estos hombres nobles, aunque egoístas, dedican sus esfuerzos a la práctica de la virtud, encontrando en ella su alegría (González, 2016). Por lo tanto, es razonable y justo que el hombre virtuoso se ame a sí mismo, ya que este amor conduce a la nobleza y beneficia tanto a él como a los demás (Fernández, 2003). De esta manera, descubren tanto el beneficio personal como el servicio a los demás (González, 2016). González (2016) menciona que, según el filósofo griego, la virtud es el bien supremo, y mientras el hombre virtuoso actúa con inteligencia y razón, el hombre malo experimenta una profunda discordia entre su deber y sus acciones.



Referencias

  1. Fernández, A. (2003). Del amor propio. Nodulo.org. Recuperado 8 July 2021, a partir de https://www.nodulo.org/ec/2003/n018p03.htm

  2. González, P. (2016). Del egoísmo al amor propio según Aristóteles. La Mente es Maravillosa. Recuperado 8 July 2021, a partir de https://lamenteesmaravillosa.com/egoismo-amor-propio-aristoteles/

  3. Scomparin, A. (2010). El egoísmo, el amor propio y el amor al prójimo. Presbíteros Arautos. Recuperado 8 July 2021, a partir de https://presbiteros.arautos.org/2010/04/el-egoismo-el-amor-propio-y-el-amor-al-projimo/

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