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Clasificación de los Trastornos Mentales

Actualizado: 9 mar

Los trastornos mentales y del comportamiento son uno de los mayores problemas de la salud mental pública (Gutiérrez et al., s.f.). Son comunes en las diferentes sociedades y culturas; causan altos niveles de discapacidad y de sufrimiento a quienes los padecen, y una considerable aflicción a nivel de amigos y familiares. Si bien, la mayoría de las sociedades muestran compasión y un cierto nivel de apoyo a las personas con discapacidades físicas, en cambio, las actitudes hacia las personas con enfermedades mentales suponen demasiadas veces estigma y rechazo. La discreción en relación con los trastornos mentales y del comportamiento define el tamaño del problema. En correspondencia con Gutiérrez et al. (s.f.), hay que ser lo suficientemente honesto para poder lidiar con las enfermedades mentales, tener la información necesaria para reconocerla y la apertura para involucrar a los miembros de la familia y a la comunidad en los tratamientos.

La preocupación de la OMS y las sociedades psiquiátricas en términos de mejorar el diagnóstico y la clasificación de los trastornos mentales ha llevado a que las bases conceptuales de las clasificaciones actuales hayan evolucionado considerablemente en comparación con las anteriores (Gutiérrez et al., s.f.). Cuando se desarrollaron las primeras clasificaciones de las enfermedades mentales, solo se utilizaban para gestionar y obtener datos con fines estadísticos. Sin embargo, según Gutierrez at al. (s.f.), las clasificaciones actuales tienen como objetivo contribuir a la investigación clínica, epidemiológica y de utilización de servicios según criterios uniformes, así como aportar recomendaciones en la práctica clínica con respecto a los elementos semiológicos a tener en cuenta en el diagnostico.



Ventajas

Uno de los argumentos por los cuales es indispensable clasificar los trastornos mentales es que la mayoría de las ciencias requieren una clasificación, por ejemplo, la tabla periódica de elementos químicos, o la clasificación que hace la biología que divide a los seres vivos en reinos, phylums, clases, entre otros (Butcher, Mineka & Hooley, 2007). Pero quizás, la razón más importante, en correspondencia con Butcher, Mineka & Hooley (2007), es que el sistema de clasificación posibilita que las personas utilicen una nomenclatura o un sistema de nombres para promover la estructura de la información para que pueda usarse de manera correcta.

En el caso específico de la psicología, la clasificación de los trastornos mentales se puede utilizar de forma integrada para comparar información sanitaria a nivel internacional y nacional, lo que ayuda a desarrollar diversos sistemas estadísticos fiables para las personas a nivel local, nacional e internacional (Gómez, 2015). En otras palabras, de conformidad con Reed, Anaya & Evans (2012), la clasificación de los trastornos mentales sirve como una herramienta de información sanitaria para poder evaluar y monitorear la mortalidad, la morbilidad, la carga mundial de enfermedades y otros parámetros importantes relacionados con la salud.

En el mismo orden de ideas, la organización de la información en un sistema de clasificación contribuye a su investigación (Butcher, Mineka & Hooley, 2007). En otras palabras, la investigación solamente puede progresar cuando se sabe qué se debe aprender. No se debe olvidar que el sistema de clasificación, además, proporciona información relevante acerca del tratamiento. Se puede mencionar otra consecuencia de tener un sistema de clasificación, aunque un tanto trivial. Como han señalado algunos autores, la clasificación de los trastornos mentales también tiene un significado social y político. De hecho, identifica una serie de cuestiones que deben afrontar los profesionales de la salud mental. Según Butcher, Mineka & Hooley (2007), desde una perspectiva puramente pragmática, la clasificación de los trastornos mentales define los tipos de enfermedades que debe cubrir la seguridad social.



Desventajas

Por supuesto, el sistema de clasificación tiene algunas desventajas (Butcher, Mineka & Hooley, 2007). En esencia, la clasificación significa una pérdida de información. Por ejemplo, si una persona dice que la mascota del vecino es un mamífero, entonces está enviando cierta información, sin embargo, si dicen que el vecino tiene un enorme gato persa blanco llamado Fluffy, se obtiene más información. De manera similar, la lectura del historial médico del paciente puede producir más información que simplemente "esquizofrenia". Por consiguiente, en correspondencia con Butcher, Mineka & Hooley (2007), la clasificación permite simplificar y organizar la información, pero, inevitablemente hace que se pierdan muchos detalles.

Aunque la situación está cambiando, es posible que también se descubran algunos estigmas relacionados con el diagnóstico psiquiátrico (Butcher, Mineka & Hooley, 2007). No hay duda de que las personas que dicen que tienen diabetes y otras enfermedades pueden ser aún más reacias a admitir que tienen una enfermedad mental. Hasta cierto punto, de acuerdo con Butcher, Mineka & Hooley (2007), esto se debe a la preocupación de que los problemas psicológicos llevarán a las personas a malas consecuencias sociales o profesionales.

Otra desventaja son los estereotipos (Butcher, Mineka & Hooley, 2007). De acuerdo con Butcher, Mineka & Hooley (2007), teniendo en cuenta que casi todas las personas han escuchado que algunos comportamientos están relacionados con determinadas enfermedades mentales, se concluye de manera automática y errónea que este comportamiento es característico de cualquier persona con un diagnóstico de enfermedad mental.

Finalmente, se encuentra un problema de las etiquetas (Butcher, Mineka & Hooley, 2007). Una vez que se nombra y se identifica un conjunto de síntomas en el diagnóstico, es difícil quitar la "etiqueta de diagnóstico", incluso si la persona se ha recuperado completamente (Butcher, Mineka & Hooley, 2007). En pocas palabras, los efectos perjudiciales del etiquetaje genera expectativas sobre el comportamiento de una persona y que puede autoconfirmarse (Álvarez, 2007). Por eso, en correspondencia con Butcher, Mineka & Hooley (2007), es muy importante recordar que el sistema de clasificación diagnóstica no consiste en clasificar a las personas, sino en clasificar las enfermedades que se padecen.

En otras palabras, es fundamental que no se ignore el hecho de que siempre habrá personas detrás de una enfermedad (Butcher, Mineka & Hooley, 2007). Por consiguiente, el papel del lenguaje es muy importante. En el pasado, los expertos en salud mental a menudo describían a sus pacientes como "esquizofrenia" o "depresión maníaca". Actualmente, en correspondencia con Butcher, Mineka & Hooley (2007), se reconoce claramente que el uso de expresiones como "una persona con esquizofrenia" o "una persona que sufre una depresión" es más preciso y más respetado.



Relación entre el CIE y el DSM

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) en su primera versión, al igual que la Clasificación Internacional de Enfermesades (CIE), surge de la necesidad de establecer una clasificación consensuada de los trastornos mentales debido a la poca consistencia tanto en el contenido que debe abarcar como en el método de conformación (Gutiérrez et al., s.f.). Algunas de las causas que influyeron en el establecimiento del DSM incluyen la necesidad de recopilar datos estadísticos sobre los trastornos mentales y la necesidad de una nomenclatura aceptable para los pacientes con afecciones psiquiátricas y neurológicas graves . En su sexta edición, la CIE contiene por primera vez una sección sobre trastornos mentales (Gutiérrez et al., s.f.). De acuerdo con Reed, Anaya & Evans (2012), fue así como se creó la primera edición del DSM (American Psychiatric Association, 1952), como una versión adaptada de la CIE - 6 (Organización Mundial de la Salud, 1949) para uso de los psiquiatras estadounidenses.

De forma similar, el DSM - II (Asociación Americana de Psiquiatría, 1968) se publicó como una adaptación de la CIE - 8 (Organización Mundial de la Salud, 1967). De hecho, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría estuvo muy involucrada en el desarrollo de la CIE - 8, pero las otras pautas incluidas en el DSM - II están diseñadas específicamente para ser más útiles en la aplicación de la psiquiatría en los Estados Unidos. En ese momento, de acuerdo con Reed, Anaya & Evans (2012), la clasificación era un apoyo profesional de fondo más que un elemento definitorio de la identidad psiquiátrica.

Este puede ser un cambio conceptual demasiado grande para llevarlo a cabo a escala internacional, principalmente porque el modelo psicoanalítico todavía era dominante en Europa, y el modelo que participó en el desarrollo del DSM - III ha pasado por un proceso muy controvertido (Reed, Anaya & Evans, 2012). El DSM - III tiene poca o ninguna participación internacional y ninguna participación directa de la OMS. De acuerdo con Reed, Anaya & Evans (2012), el DSM - III ha tenido una gran influencia profesional y ha logrado un éxito comercial, por lo que el DSM - III y sus productos posteriores han ganado una enorme influencia internacional.

Desde entonces, los desarrolladores involucrados en el DSM - IV y la CIE - 10 han mantenido una intensa cooperación, lo que ha llevado a un aumento en el dominio del modelo de clasificación psicopatológica establecido por el DSM - III (Reed, Anaya & Evans, 2012). Por lo tanto, el DSM - IV y la CIE - 10 son bastante similares. Sin embargo, de acuerdo con Reed, Anaya & Evans (2012), la similitud entre las dos categorías nunca fue intencionada, puesto que, tienen objetivos diferentes y se desarrollaron en entornos organizacionales completamente diferentes.

La CIE es una clasificación desarrollada por la Agencia Internacional de las Naciones Unidas, que es un recurso público gratuito que se puede utilizar como herramienta de salud pública (Reed, Anaya & Evans, 2012). Sin embargo, el DSM es un sistema producido por una asociación profesional de una sola disciplina de un solo país en el que la asociación tiene fuertes intereses comerciales. Por otro lado, de acuerdo con Reed, Anaya & Evans (2012), el desarrollo del CIE se realiza en un proceso global e interdisciplinario, y se realiza en diferentes idiomas y teniendo en cuenta la multiculturalidad mundial, mientras que DSM se produce desde la perspectiva de Estados Unidos y el inglés como representante.

En el mismo orden de ideas, el CIE está diseñado para ser utilizado por los estados miembros de la OMS y los servicios médicos de primera línea, mientras que el DSM está dirigido principalmente al campo de la psiquiatría (Reed, Anaya & Evans, 2012). De acuerdo con Reed, Anaya & Evans (2012), en el debate sobre la coexistencia de estas dos clasificaciones de los trastornos mentales, la Organización Mundial de la Salud cree que es necesario realizar cambios sustanciales en las categorías de los trastornos mentales y sus definiciones a través de un proceso transparente, internacional, multidisciplinario y multilingüe, que incluya la participación directa de todas las partes relevantes, y tratar de evitar conflictos de intereses.



Referencias

  1. Álvarez, A. (2007). Valoración crítica de las actuales clasificaciones de los trastornos mentales.. Psiquiatria.com. Recuperado 8 September 2021, a partir de https://psiquiatria.com/article.php?ar=todas&wurl=valoracion-critica-de-las-actuales-clasificaciones-de-los-trastornos-mentales

  2. Butcher, J., Mineka, S., & Hooley, J. (2007). Psicología clínica (12a. ed.). Distrito Federal: Pearson Educación.

  3. Gómez, A. (2015). Minsalud.gov.co. Recuperado 13 December 2020, a partir de https://www.minsalud.gov.co/sites/rid/Lists/BibliotecaDigital/RIDE/IA/SSA/cie10-cie11.pdf

  4. Gutiérrez, M., Peña, L., Santiuste, M., García, D., Ochotorena, M., San Eustaquio, F., & Cánovas, M. Comparación de los sistemas de clasificación de los trastornos mentales: CIE-10 y DSM-IV. Atlasvpm.org. Recuperado 8 September 2021, a partir de https://www.atlasvpm.org/wp-content/uploads/2019/06/Comparación-de-los-sistemas-de-clasificación-de-los-trastornos-mentales-CIE-10-y-DSM-IV.pdf

  5. Reed, G., Anaya, C., & Evans, S. (2012). ¿Qué es la CIE y por qué es importante en la psicología?. Dialnet. Recuperado 9 December 2020, a partir de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4009821

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